viernes, 31 de diciembre de 2010

Teseo en el laberinto

La taurocatapsia (salto del toro). Palacio de Cnosos (Creta) 1600-1480 a.C.
España es un lugar muy dado a alinearse en extremos opuestos e irreconciliables: moros y cristianos; liberales y absolutistas; fachas y rojos; Madrid-Barça; o Joselito y Belmonte. Precisamente este último ejemplo viene a colación con una de las últimas cruzadas que divide a este país en "buenos" o "malos", ignorando la gran cantidad de matices y opiniones existentes entre el blanco y el negro. Nos referimos al debate en torno a la conocida como fiesta de los toros.
La tauromaquia (o taurocatapsia) aparece por primera vez documentada por la cultura minoica de la isla de Creta (primera civilización europea) en el II milenio antes de nuestra era y parece estar relacionada con el culto solar. La vaca (probablemente porque su cornamenta recuerda a la luna en cuarto y su piel moteada a la superficie lunar) es un animal consagrado a la luna en todas las religiones antiguas del Mediterráneo, por lo tanto no es de extrañar que su astro compañero de la mañana fuera identificado con el toro. Se sabe que el emperador Claudio (ya en el siglo I d.C.) instituyó en Hispania la tauromaquia dentro de los espectáculos de fieras, lo que no sabemos es si ésa fue su introducción o si se basó, como más bien parece, en tradiciones autóctonas, tal y como atestiguan los numerosos ejemplos de culto al toro en los pueblos prerromanos de la Península Ibérica.
Los abolicionistas obvian cualquier valor histórico, cultural o antropológico en la fiesta de los toros o lo supeditan, legítimamente, al sufrimiento de un animal. En este sentido es ciertamente demagógica la postura de ciertos aficionados taurinos que niegan ese sufrimiento aduciendo como prueba el hecho de que el toro, en vez de huir, acuda una y otra vez al lugar del castigo. El toro bravo es el resultado de un proceso de selección humana (de como mínimo cinco siglos) en el que se ha buscado precisamente eso: un animal que embista, ataque y se defienda hasta su último aliento. Pero la “demonización” extrema de la fiesta de los toros basándose en argumentos conservacionistas o ecológicos guarda enormes contradicciones: En primer lugar, no resuelve qué ocurriría con la supervivencia de una especie creada únicamente para una actividad cuya abolición se propone. En segundo lugar, la cría del toro bravo se desarrolla en un marco tan singular como la dehesa y gracias a ello ayuda a sostener y proteger un ecosistema tan diverso y amenazado como el bosque mediterráneo. Es, en ese y otros sentidos, un modelo ejemplar de ganadería ecológica.
Junto a los envites externos al mundo taurino, más valdría a sus defensores protegerse de los enemigos internos que empañan su imagen. La tauromaquia aspira a ser una lucha de igual a igual en la que el humano sólo cuenta con su habilidad manejando un pedazo de tela para defenderse de la bestia, mientras que algunos ganaderos, empresarios y (por qué no decirlo) toreros, ávidos de hacer caja con la complicidad voluntaria o involuntaria de un público (salvo en contadas plazas) poco exigente y en exceso festivo, convierten esas corridas de toros descastados y de escaso trapío en un auténtico paripé. Por otro lado a través de la legalidad de la fiesta de los toros se cuelan prácticas aberrantes que todo buen aficionado taurino debería rechazar. Valgan como vergonzantes ejemplos el acoso a los animales desde vehículos motorizados; persecuciones en masa cuya única finalidad es el maltrato y muerte de un animal indefenso… todo ello desvirtuando esa lucha singular e individual que debe ser la tauromaquia.
Hay un aspecto que rara vez se debate y es, por su subjetividad, uno de los más difíciles de salvar: me refiero a la estética. El aficionado a los toros debe admitir que una corrida puede ser un espectáculo violento y desagradable para muchas sensibilidades. De igual forma, los detractores deberían reconocer que muchas personas perciben (percibimos) pinceladas de arte, en ese bizarro artificio de enfrentarse desarmado a un animal admirable mientras se dibujan efímeras e invisibles composiciones en el aire.
Volviendo a la idea inicial, me temo que ningún bando atienda o reconozca algún argumento del otro que podrían llevar a (¡horror!) encontrar posturas comunes. Mientras tanto cualquier propuesta de debate sólo será un enmarañado hilo de Ariadna inútil para encontrar la salida al laberinto.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Donde los limones florecen

Wo die Citronen blüh’n (“Donde los limones florecen”), de Johan Strauss “hijo”, es un vals que homenajea a la cálida Europa meridional. A ese Mediterráneo al que la aristocracia austro-húngara escapaba huyendo de los rigores del clima centro europeo. Y es que, el origen de los Habsburgo vieneses era aún más español que el de sus primos de la Península, probablemente esa nostalgia por España sea la causa de la demanda de valses de temática española como Rosen aus dem Süden (“Rosas del sur”) o la aún más obvia Spanichermarsch.
Cuando el emperador Carlos V, asqueado por su propia política europea, abdicó retirándose a Yuste rodeándose de cocineros y cerveceros flamencos, repartió sus dominios entre su hermano Fernando y su taciturno hijo Felipe. A Fernando, que a diferencia de Carlos había crecido en España y era considerado “el más español” de la familia, le cedió sorprendentemente la corona austríaca. Lo primero que hizo el hombre cuando se instaló en Viena fue rodearse de corte, amigos e incluso tropas procedentes de España.
La primera vez que el Danubio azul se tiñó de rojo fue tras romper el sitio de Viena, asediada por las tropas turcas. Cuando las noticias de la cercanía de los invencibles turcos llegaron a Viena, la mayoría de la población de la ciudad, soldados del ejército austríaco incluidos, huyó presa del pánico hacia el interior del país. Como los soldados españoles de Fernando (hombres procedentes en su mayoría de las tierras de Castilla) estaban bien lejos de su hogar y tampoco tenían a donde huir, decidieron salir de las murallas y enfrentarse al invasor. La vergüenza nacional hizo que este episodio de la historia austríaca fuera silenciado hasta el punto de ser prácticamente desconocido en nuestros días.
También fueron los españoles los responsables de teñir por segunda vez de rojo el Danubio azul, aunque esta vez no fue a fuerza de sangre, sino de buen fútbol. La selección española se coronó campeona de Europa en el Prater vienés jugando un fútbol a ritmo de vals. En una ocasión vi un montaje televisivo en el que el famoso vals de Strauss servía de música de fondo, como a la danza de naves de Kubrick en 2001, a las vueltas espirales de Xavi, las diagonales de Iniesta, los imposibles vuelos de Casillas y los cambios de ritmo de Torres. Aquel 29 de junio de 2008, concluía un largo historial de derrotas y fracasos y comenzaba una nueva página en la historia de la selección.
Han pasado cincuenta años desde que Luís Suárez ganara el balón de oro y “sólo” hemos tenido que ganar una Eurocopa y un Campeonato Mundial para que un jugador español vuelva a ser reconocido por el mundo del fútbol. Aunque para muchos de nosotros ya lo era desde hace años, el guante de oro concede oficialmente a Casillas el título de mejor portero del planeta, mientras que ya parece un secreto a voces que el balón de oro será al fin para un español. O bien Xavi, o bien Iniesta, levantarán el preciado trofeo que los nombre mejor jugador del 2010. A mi, particularmente, me gustaría más que fuese Xavi. No sólo como premio a su historial ni a toda su carrera, no sólo por su clarividencia a la hora de leer el juego sobre el campo, su polivalencia, su llegada al área o su definición cara al gol. Tal vez lo que más admire de Xavi, es que un hombre de tan sólo 1'70 y con un físico aparentemente limitado para bregar en una zona del campo que habitualmente se llena de medios-centro “perros de presa”, hizo de la necesidad virtud para hacer que todas esas características dobleguen a jugadores con mucho más músculo y potencia. Dicho esto, tampoco protestaría porque se lo dieran a Iniesta, el hombre que con su gol cumplió los sueños futbolísticos de generaciones de españoles.
El fútbol mundial reconoce al fin a los nuestros y muchos españoles se frotan los ojos incrédulos, pero si alguien podía hacerlo eran ellos: los chicos que consiguieron el prodigio de que un 11 de julio de 2010, en plena noche del invierno austral africano, los limones volvieran a florecer.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Jesús Castellanos reflexiona sobre la historia del hombre de trono

"EL HOMBRE DE TRONO HA SIDO ANÓNIMO E INVISIBLE Y SU HISTORIA HA PASADO DESAPERCIBIDA DURANTE CINCO SIGLOS"

Decenas de asistentes se dieron ayer cita en el salón de la Agrupación de Cofradías con motivo de la conferencia de D. Jesús Castellanos “Hacia una historia del hombre de trono”, primera de las actividades culturales que la Asociación Cultural Hombre de Trono organiza para celebrar su XV aniversario y para las que cuenta con importantes figuras de la cultura malagueña como el profesor Juan Antonio Sánchez López, el historiador Antonio Lara, o el propio Castellanos.
Tengo una gran vinculación con esta Asociación a pesar de no haber ejercido nunca como hombre de trono”, comienza confesando Castellanos al narrar que estuvo presente en la fundación de la Asociación, ha sido partícipe en varias de sus actividades culturales e incluso pregonero oficial en el año 2006.

Jesús Castellanos dio una muestra de amenidad y erudición

CORREONISTAS Y HORQUILLEROS
Muchas señas de identidad que creemos inmutables de nuestra Semana Santa han ido generándose ante nuestra presencia: los adornos florales, el tamaño de los tronos y, por supuesto, el hombre de trono”. Para documentar sus tesis, Castellanos no dudó en bucear en los archivos históricos en busca de numerosos ejemplos ilustrativos, en un alarde de brillante erudición, pero sin sacrificar en ningún momento la amenidad. “El origen del hombre de trono son los hermanos portadores de las andas procesionales en el siglo XVII”. Castellanos puso, entre otros ejemplos, los estatutos de 1643 de la Hermandad del Santo Sudario, que sorteaba entre sus hermanos el derecho a portar las andas de las imágenes. Para hacer hincapié sobre el pequeño tamaño de esas andas nos remitió a la que más hermanos portadores tenía: “En 1655 la Hermandad de la Cena necesitaba veinticuatro hermanos dotados de correón y horquilla para portar a sus titulares”. Curiosamente, tal y como demuestran los estatutos de la Cofradía de Viñeros a finales del siglo XVIII “los hermanos portadores pagaban de su bolsillo el correón, la túnica y el escapulario a modo de cuota de salida”. Castellanos reflexiona sobre el hombre de trono de estos primeros siglos diciendo que “se sentía vinculado a su imagen y era un miembro de la hermandad”.

CUADRILLAS Y CAPATACES: LA PROFESIONALIZACIÓN
En el siglo XIX es difícil encontrar referencias a las personas que llevan el trono en los estatutos de las cofradías “posiblemente porque comienzan a ser llevados por asalariados”, perdiéndose así la vinculación entre el hermano y la forma de llevar su imagen. Es a finales de ese siglo cuando se produce la gran evolución de nuestra Semana Santa: las andas dejan paso a los tronos y el aumento de tamaño trae consigo la necesidad de contratar asalariados. Castellanos reflexiona que la mayoría de los cambios que han impulsado a la Semana Santa han coincido con graves momentos de crisis: “a la gente de Málaga nos gustan las procesiones a pesar del ambiente político y económico de cada época”. El nuevo hombre de trono procede de un entorno no cofrade (el puerto, la construcción el campo, etc.) y por ello trae con él un nuevo vocabulario que hace referencia a su entorno laboral: la cuadrilla de hombres; el capataz que sustituye al mayordomo; y probablemente la propia palabra hombre de trono. “Es curioso que sean asalariados y no hermanos quienes muevan el eje fundamental de una procesión en la calle: la imagen”. “Personas”, continúa Castellanos, “cuya motivación principal no era la devoción, sino la necesidad económica. Independientemente de que después pudiera nacer una vinculación sentimental con la imagen”. Es también digno de reseñar que la primera referencia a nuestro tradicional “paso malagueño” aparece documentada en esta época en una entrevista hecha a un hombre de trono por el Diario Málaga durante la Semana Santa de 1931: “Fíjese cuando el desfile se lleva por calle Larios a paso militar y rítmico”.

DE ASALARIADOS A HERMANOS
Tras la debacle de la década de los treinta y la reconstrucción de nuestra Semana Santa, los años cuarenta se inician con el modelo de hombre de trono asalariado con la salvedad de la orden de Servitas. Sin embargo las nuevas cofradías apuestan por el retorno a la idea de hermanos portadores. Viñeros y Pasión llevan sus tronos con el hábito o túnica de hermano, mientras que la cofradía de Estudiantes presenta la novedad, en el trono del Cristo, de llevar estudiantes (vestidos de traje) como hombres de trono. Aunque ninguna otra cofradía apostó por estos rescates historicistas, éste será, a la postre, el modelo que acabará imponiéndose.
En el año 1948 surge el intento, por iniciativa del obispo Herrera Oria, de hacer del Prendimiento una “cofradía obrera” con el hombre de trono como protagonista. Persona con una fuerte conciencia social, el obispo entiende que el hombre de trono representa a la clase trabajadora que con su esfuerzo sustenta la Semana Santa. Sin embargo el régimen franquista “en una jugada maestra de enroque” según palabras de Castellanos, “acabará integrando la hermandad dentro del modelo nacional-católico de sindicato vertical en versión cofrade”.
El desarrollo del tamaño del trono producido durante esa época, también se explica por la presencia del hombre de trono, “ya que la Agrupación de Cofradías repartía las subvenciones en función del número de hombres de trono que necesitara cada hermandad”.
A partir de los años sesenta la crisis económica hace cada vez más difícil el mantenimiento de hombres de trono asalariados. Son los años tristemente recordados por los tronos abandonados en las calles y en los que incluso se planteó seriamente la posibilidad de introducir ruedas. Una de estas catástrofes (la destrucción del tinglado de El Rico en 1969), provocará la reacción espontánea de la juventud cofrade malagueña que se enrola de forma desinteresada para sacar los tronos, regresando así el hombre de trono hermano del siglo XVIII. La estética elegida será la de Estudiantes y las túnicas son sustituidas por los trajes en casi todas las cofradías. “Una vez más”, resalta Castellanos, “un período de crisis política y económica servirá como punto de inflexión en el desarrollo de nuestra Semana Santa” y añade en una reflexión lapidaria “la idea de salvar lo que nos identifica, es lo que ha salvado siempre a nuestra Semana Santa”.

LA SINGULARIDAD DEL HOMBRE DE TRONO
Terminó Jesús Castellanos su conferencia reivindicando la figura del hombre de trono malagueño, ya que “la mayor seña de identidad de nuestra Semana Santa es que llevamos los tronos al hombro”. Especialmente interesante fue el paralelo bíblico de “al igual que era portada el Arca de la Alianza según las Sagradas Escrituras”. También defendió el vocablo hombre de trono: “una palabra tan nuestra y tan singular, que tiene equivalentes, pero no sinónimos”. Cerró por último su disertación invitando a los hombres de trono a indagar en su historia y su pasado, ya que “aunque el hombre de trono figura ya en los estatutos de las cofradías y su invisibilidad ha desaparecido, durante cinco siglos ha sido anónimo y su historia ha pasado desapercibida”.

martes, 13 de julio de 2010

Campeones con rostro humano

“Es el nieto de España… ¡Y mi nieto!”, contestaba orgullosa ante las cámaras la abuela de Andrés Iniesta la mañana después de la victoria mostrando el lado más familiar del futbolista. Al mismo tiempo el abuelo resaltaba, con toda la naturalidad del mundo, no que el chaval hubiera marcado el gol de la victoria en la final, no que sea uno de los mejores jugadores del planeta, sino que siempre trabaja sin protestar sobre el terreno de juego y que no se quejó por ninguna de las patadas recibidas. Esa imagen resume la de toda la selección. No sólo fue la mejor. No sólo ganó. Sino que, además, fue el triunfo de los chicos de la calle. De gente sencilla que ha huido de galácticos estrellatos y ha avanzado hasta la victoria final con discreción, con modestia, mostrando un rostro humano. El propio Iniesta tuvo un hermosísimo gesto en la final al marcar el gol. No lo celebró con alguno de esas estudiadas poses cara a la galería cuyo único objeto es copar las televisiones, portadas y pósters para la posteridad, sino que, en un gesto entrañable que lo honra aún más (si cabe), recordó a un joven futbolista muerto en la flor de la vida, el malogrado Dani Jarque.
Ese lado modesto, silencioso y trabajador comienza por el propio seleccionador, Vicente del Bosque, que en otro gesto humano pidió una sola cosa a los jugadores tras la final, que su hijo Álvaro, con síndrome de Down, pudiera cumplir el sueño de celebrar la victoria subido sobre el autobús junto a todos sus ídolos. No hace falta decir que todos aceptaron. En un mundo futbolístico de “estrellas” con look agresivo y actitud estudiadamente macarra, el seleccionador no sólo ha tenido el mérito de que su equipo juegue bien, sino que también transmitan la sensación de ser buenas personas.
En contraste, y como en una apocalíptica película de ciencia ficción, el rival en la final para unos héroes humanos no podía ser otro que una “naranja mecánica”. Cuando antes de la final los holandeses dijeron que serían fieles a su estilo, todos pensamos en la naranja de Cruyff y Neeskens, o en aquella de Gullit y Van Basten. Los equivocados éramos nosotros: en realidad se referían a la de Burgess y Kubrick. Así fue Holanda, agresiva y gratuitamente violenta hasta la repulsión. Algunas de las patadas y agresiones que (con el consentimento del árbitro) propinaron, hubieran sido más merecedoras de un tribunal penal que de uno futbolístico. No sólo no supieron jugar, sino tampoco perder. Recién concluido el partido aún reclamaban con indignación ostensible algo al árbitro. Imagino que el hecho de que ningún jugador español hubiera necesitado desfibrilador o la amputación de un miembro, era prueba irrefutable de la injusticia por las amonestaciones recibidas.
Pero si había algún jugador español cuya verdadera condición humana siempre despertó dudas, ese fue Casillas. No sólo aguantó con sobrehumana indiferencia las injustas críticas sobre la supuesta influencia negativa en su rendimiento por su relación con la periodista Sara Carbonero, sino que hace tiempo que sus increíbles paradas lo elevaron a la sobrehumana categoría de santo. Dos imposibles “mano a mano” en los que el portero sacó el balón a Robben, parecieron confirmar su sobrehumana condición. Pero estábamos equivocados. Cuando Iniesta marcó, Casillas reaccionó llorando como un niño. Era la primera vez que pudimos ver al capitán en toda la grandeza de su humanidad.
Tras la victoria su novia trataba de entrevistarle con toda la profesionalidad de la que era posible. Casillas no aguantó más y, con la más humana de las reacciones, se abalanzó sobre ella para besarla. Así terminó el mundial 2010, el de la victoria española, como el clásico final de una película del dorado Hollywood, con el beso de la pareja enamorada.
Quien iba a decirme a mí, que algún día acabaría escribiendo esto.

lunes, 5 de julio de 2010

El sueño de Victor Frankenstein


¿Quién no se decepcionó alguna vez de niño al desenvolver el juguete deseado y comprobar que no se parecía tanto al de los anuncios? ¿Quién no se ilusionó con el trailer para luego asquearse profundamente viendo la película? También Victor Frankenstein soñaba con crear vida humana a partir de cadáveres y lo que consiguió fue una criatura torpe, lenta, descoordinada y con un momentáneo instinto asesino. Yo había soñado una y otra vez en cada mundial con el día en que España pasara a semifinales. Me imaginaba a mi mismo bajando al centro para perderme entre abrazos, cánticos y banderas al viento en la marea de aficionados y, cuando llegó el día, no se pareció en nada a eso.
En el minuto 57 de la segunda parte, cuando Cardozo colocaba el balón sobre el punto de penalti, España estaba otra vez contra las cuerdas en unos cuartos de final. Y (con todos los respetos) quien la tenía así no era ningún equipo grande ni ninguna campeona histórica, ni siquiera una selección anfitriona. Quien tenía a España contra las cuerdas era Paraguay. Luego pasó lo que pasó, el partido pudo haberlo ganado cualquiera, pero lo ganó España, no por jugar bien (que no jugó), sino simplemente porque detrás tiene a un señor llamado Casillas y delante a un señor llamado Villa, se acabó.
El caso es que yo veo a España y, a pesar de tener los mejores jugadores de nuestra historia (y probablemente de este mundial), no veo motivos para soñar. España desarrolla un fútbol horizontal, lento, monótono, previsible, estéril. Dicen en las tertulias periodísticas y las de a pie de calle que los rivales nos tienen muy estudiados. Como si la labor de cualquier entrenador rival no fuera esa. Por lo demás cabría preguntarse si es que sólo estudian a España, porque un analista táctico como Capello fue barrido por Alemania, nuestra próxima rival.
Y es que, pocas horas antes, los alemanes dieron miedo (al menos a mí). No sólo han hecho el mejor fútbol de la primera fase, sino que han llegado a semifinales dejando en el camino a dos campeones del mundo y favoritos al título como Inglaterra y Argentina. Si en vez de los nombres de sus víctimas miramos los números el susto continúa: llevan 13 goles en cinco encuentros (lo que supone un promedio de 2’6 por partido).
En 1954 Hungría llegó al mundial de Suiza como la gran favorita al título. Hacía un fútbol primoroso y pocos meses antes su creación táctica del 4-2-4 había humillado, por primera vez en la historia, a los mismísimos inventores del fútbol en su feudo de Wembley. Alemania fue uno de los equipos que intentó copiar su táctica y estilo, pero todos coincidían que era como comparar al monstruo de Frankenstein con un ser humano: una torpe y lenta imitación. Buena prueba de ello se produjo cuando ambos equipos se enfrentaron en la primera fase del mundial, con un contundente 8-3 favorable a Hungría. Pero a pesar de sus movimientos torpes y descoordinados, el monstruo fue avanzando lentamente hasta la final. ¿Saben lo que pasó? Que la criatura lobotomizada se las apañó para vencer al inimitable modelo húngaro por 3-2.
Más de medio siglo después, Luís Aragonés convirtió España en el equipo primoroso y, gracias a ese fútbol, ganó la Eurocopa en 2008. Los derrotados de aquella final, Alemania, tomaron buena nota y decidieron abandonar su tradicional fútbol tosco y físico para imitar el elaborado juego de toque español. Sólo dos años después de aquella final, Alemania parece la selección original y la España de Del Bosque la torpe imitación. El monstruo sin entendimiento que, como la criatura de Frankenstein, deambula de forma lenta y previsible por el terreno de juego y de la que sólo hay que temer un momentáneo instinto asesino.
Al día siguiente del partido de cuartos un amigo me comentó que estaba disfrutando como un loco porque en dos años hemos visto lo que ningún aficionado español en casi un siglo: España campeona de Europa y semifinalista de un mundial. A lo mejor tiene razón. A lo mejor hay motivos para estar ilusionados. A lo mejor el equivocado soy yo. A lo mejor nuestro masoquista historial de fracasos me impide saborear el éxito. A lo mejor la criatura despierta y acaba pareciéndose al sueño de Victor Frankenstein. O, quien sabe, a lo mejor vence simplemente gracias a su momentáneo instinto asesino. Ojalá sea así.

sábado, 12 de junio de 2010

Vaughan Williams y Thomas Tallis: Remando al viento



"Remando al viento", de Gonzalo Suárez, no es sólo una de mis películas preferidas, sino que a juicio de quien esto escribe, es una de las mejores películas españolas de todos los tiempos.
Apenas tenía 14 años cuando la vi por primera vez y la fuerza poética y visual de sus imágenes (en las que se combina la estética romántica con pinceladas del más puro surrealismo) dejaron en mí una huella indeleble: el monstruo de Frankenstein cobrando vida en un yermo helado; Byron gritando a la noche desde una barca que se abre paso a través de la niebla; un legado papal alimentando a una jirafa en las estancias de un palacio; el cuerpo de Shelley ardiendo sobre una pira funeraria en la playa...
Pero no sólo fueron sus imágenes las que me impactaron, tampoco olvidaré que con ella decubrí la "Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis", de Ralph Vaughan Williams.
La música inglesa apuntaba talento y buenas maneras entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Buena prueba de ello son la cadena de compositores que arranca con Thomas Tallis, continúa con Tobias Hume, William Lawes y John Dowland, y culmina con Henry Purcell. Parecía que Inglaterra podía ser uno de los grandes focos del barroco musical europeo... hasta que llegó Georg Friedrich Händel en 1712.
La estancia del genio alemán en Inglaterra supuso, a efectos creativos para los británicos, algo así como el paso del caballo de Atila. Händel se encargó tan bien de cortar de raíz a todos sus potenciales rivales musicales, que incluso después de su muerte y durante más de un siglo, no apareció en Inglaterra un sólo talento musical. Hubo que esperar a finales del XIX con la irrupción de los Elgar, Holst, Vaughan Williams, etc. para que los talentos británicos volvieran a emerger y un verdadero genio musical como Benjamin Britten no surgiría hasta el siglo XX.
De los citados músicos que se mueven entre el XIX y el XX, Vaughan Williams me parece el más atractivo. Bajo la influencia de su admirado y también contemporáneo el finlandés Jean Sibelius, la figura de Vaughan Williams aparece nadando a contra corriente. En una Europa donde los compositores ya experimentaban con la liberación de la tonalidad y la armonía, Williams y Sibelius compusieron en un estilo tardorromántico que a sus colegas del continente les resultaba tan anacrónico y trasnochado como la arquitectura neogótica del Parlamento de Westminster o las paredes empapeladas de los hogares británicos. Cuando las clásicas formas sinfónicas parecían muertas y enterradas, Williams insistió en componer nada menos que nueve, una de las cuales, la 7ª (llamada "Antártica"), transmite de forma portentosa un ambiente tan misterioso y amenazador como los páramos de hielo que evoca.
Muchos años atrás la composición que dio fama al joven Williams fue la "Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis". Al igual que los artistas del romanticismo, el compositor inglés recurrió al pasado nacional en busca de inspiración y convirtió un tema musical del siglo XVI en una pieza de fuerte contenido dramático.
También la película de Gonzalo Suárez es un hito romántico en todo el sentido estético e ideológico del término (no en su afección como sinónimo de cursi y sentimental). Una historia que exalta el culto por la libertad, la aventura, la atracción enfermiza por la muerte. Pero también un relato sobre ese miedo irracional que todos tenemos a que los malos augurios que nos asaltan de forma involuntaria sobre nuestros seres queridos, puedan materializarse en la realidad como en la peor de las pesadillas.

sábado, 22 de mayo de 2010

Francisco Ibáñez, creador de lenguaje gráfico

Siempre me ha encantado la palabra tebeo. Es corta, sonora, pertenece a nuestra cultura y posee una suerte de fuerza pictográfica igual a aquello que describe. A partir de los ochenta, por influencia de la cultura americana, comenzó a imponerse, no sin cierto esnobismo, la palabra cómic. A tebeo comenzó a achacársele un halo peyorativo. Los cosmopolitas sofisticados leían cómics y los tebeos eran cosas de provincianos infantiles. Ignorando, por supuesto, que la palabra cómic no es más que una forma hipocorística del inglés comical (que precisamente representa eso mismo que querían denostar en tebeo).
En los últimos años se ha dado una vuelta de tuerca más. El cómic es demasiado adolescente para todos aquellos con pretensiones artísticas. Está cargado en exceso de superhéroes en mallas y su única aspiración es ser adaptado al cine. Ahora las personas serias hacen y leen "novelas gráficas". De tebeos, ni hablamos.
Yo pertenezco a una generación que prácticamente aprendió a leer con los tebeos. Zipi y Zape, (de Escobar), Anacleto (de Vázquez) o sir Tim O' Theo (de Raf), eran tan familiares y cotidianos para los niños de nuestra época como ahora puedan serlo los participantes de cualquier infame "reality show". Pero por encima de todos estaban Mortadelo y Filemón, de Ibáñez.
Francisco Ibáñez (creador no sólo de los agentes dela T.I.A. sino también de Pepe Gotera y Otilio, 13 rue del Percebe, Rompetechos, Tete Cohete y un largo etcétera), fue el primer autor al que yo admiré antes de siquiera saber que Bach, Robert Graves o Billy Wilder existían. Bajo su todopoderosa influencia mi hermano, mi vecino Joaqui y yo realizábamos una "revista" con nuestros propios personajes e historietas llamada Camorra. Venerábamos tanto a Ibáñez y lo veíamos tan genial, que nuestra lógica infantil no entendía por qué ningún medio de comunicación le diera importancia ni cobertura a su labor creativa. Ahora lo entiendo aún menos.
Ibáñez, en uno de sus clásicos rasgos de ironía hipercorrosiva, fomentaba esa idea en nuestro imaginario al caricaturizarse en sus propias viñetas como una caprichosa prima donna enriquecida gracias al éxito de sus creaciones. Años después supimos que, como todos los dibujantes de la editorial Bruguera, trabajaba en condiciones casi serviles y ni siquiera era propietario de los derechos intelectuales de sus creaciones. Y a pesar de su citado currículum creativo y de vivir en un país donde cualquier pelagatos cuyo trabajo se pueda relacionar vagamente con la música, el cine o la literatura no duda en calificarse de "artista", jamás se dio bombo ni hizo ningún brindis cara a la galería en ninguna de sus historietas. Es más, haciendo gala de su modestia y su sentido del humor, era el primero en parodiar su condición creativa con modesto humor (como en estas viñetas de "Soborno").

Pero en este arículo no sólo quiero reivindicar a Francisco Ibáñez como autor, sino también como creador. De la palabra en cuestión dice literalmente el diccionario de la RAE: que crea, establece o funda algo. (Poeta, artista, ingeniero creador). También incluimos en esta definición a quienes innovan o explotan por primera vez recursos narrativos propios de su parcela artística.
El tebeo está a medio camino entre la pintura y la literatura. Pero, a diferencia de la propia literatura, pintura o cualquier otra manifestación creativa, casi nadie le otorga la categoría de arte. Un caso similar durante muchos años (aunque no tan marginado) ha sido el cine. El cine es arte pero "con la boca pequeña". Muchos de los que afirman reconocerle la categoría de arte serían los primeros en rasgarse las vestiduras si ponemos a Ford, Bergman o Truffaut a una altura similar a la de Saul Bellow, Sartre o Arthur Miller (por citar algunos ejemplos contemporáneos). De tebeos, por supuesto, ni hablamos.
El rasgo que más identifica al tebeo y condiciona su lenguaje es el uso de viñetas. Cada escena se enmarca en uno de esos cuadraditos que vienen a ser el equivalente al plano en el cine. Ibáñez dio un paso más como creador al darle utilidad narrativa al espacio entre viñetas:
Ibáñez jamás nos dice como Mortadelo cambia de disfraz (¿es un poder de mutación que posee Mortadelo? ¿o se trata de un caso de supervelocidad para cambiarse de ropa?) porque ese proceso lo realiza el personaje durante el cambio de viñeta, dejándolo así a la interpretación del lector.
Incluso el propio Fesser optó inteligentemente (en su por otra parte vulgar, soez y escatológica adaptación cinematográfica) por no mostrar jamás ante la cámara como Mortadelo cambia de disfraz para no traicionar la ambigüedad que permite el lenguaje narrativo propio del tebeo. La genialidad es a veces tan sencilla como la modesta línea que separa una viñeta de su vecina. Así es Ibáñez, modesto y genial.
El artista, y por extensión el arte que representa, no se toma muchas veces en serio hasta recibir un reconocimento público oficial en forma de respetable galardón. Muchos pensamos que, por ejemplo, el fallecido Hugo Pratt, merece figurar en el ámbito del tebeo a la altura que sus admirados Jack London o Saint Exupery en la literatura, pero ya nunca nadie podrá premiarle.
Desde aquí reivindico a Francisco Ibáñez como un merecido candidato al premio Príncipe de Asturias de las artes. ¿Por qué no? Ya se lo dieron a Woody Allen y también supuso un reconocimiento al cine. A no ser que consideremos que hacer feliz a varias generaciones de lectores tenga menos méritos que los realizados por Obama para conseguir el Nobel.
Hace pocos años me encontré frente a frente con Ibáñez en una firma de tebeos. Un momento que había soñado desde niño. Como tal me acerqué a él de forma tímida y temblorosa para balbucearle su influencia en aquella temprana vocación y le hablé de "Camorra". ¡Entonces somos colegas! exclamó, y con esas mismas palabras me dedicó un dibujo. Lo guardo como oro en paño, maestro.

lunes, 17 de mayo de 2010

Perdóneme, abuelo, porque he pecado

El profeta Zacarías, por Miguel Ángel, en la bóveda de la capilla Sixtina.
Ese día todos los profetas se avergonzarán de su misión y ninguno vestirá su manto para predicar.
Y cada uno dirá. “No soy profeta; sino agricultor. La tierra siempre fue mi ocupación”.
Zacarías 13, 4-5.

Con ese mismo espíritu me dirigía yo al estadio de la Rosaleda. Sin vestir, por primera vez en toda la temporada, la camiseta del Málaga. La falta de fe en la permanencia y la vergüenza ante una más que previsible goleada del Madrid me habían dejado en casa las ganas de lucir los colores albicelestes. Mi intención no era otra que la de confundirme entre las filas de pueblerinos (en el buen sentido de habitantes de pueblo) que acuden en masa a la Rosaleda cada vez que juegan el Barcelona o el Madrid.
Una semana antes mi fe y dignidad malaguista habían tocado fondo y para que se cumpliera otra de las profecías del propio Zacarías (esa que los evangelistas adjudican al Iscariote), había puesto en venta mi abono con la idea de, al menos, sacar algún provecho de la nefasta temporada de juego y resultados con la que había malgastado mi dinero.

“Si os parece bien tasad mi precio, si no, dejadlo”.
Ellos tasaron mi precio en treinta siclos.
Zacarías 11, 12.

Pero el destino y el Dios del fútbol me tenían guardada una lección que no podría olvidar y no consintieron que el abono se vendiera. Así que allí estaba yo. Sentado a desgana en la grada. Tragando sapos y culebras. Asistiendo a lo que no quería asistir: el descenso del Málaga y (¡horror!), lo que podía ser peor por el insoportable contraste; ver al madridismo celebrar un título en la Rosaleda.
Ya el temprano gol me hizo olvidar la temporada, los sapos y culebras y hasta las treinta monedas de plata. Yo adoro la música, el cine y la literatura, pero ni Wagner, John Ford o Borges pueden trasmitir la eléctrica descarga de adrenalina que nos hace vivir este espectáculo real al que llamamos fútbol.
A falta de cinco minutos, si el resultado se mantenía, el destino del Málaga dependía de que el Tenerife no ganara en Valencia. Todo el estadio tenía los ojos en la Rosaleda y los oídos en Mestalla y desde allí, se cantó un gol…
Para demostrar que se cumplía un destino escrito con letras de profecía bíblica, quiso el Dios del fútbol que fuera Alexis, uno de los muchos malaguistas exiliados en busca de un futuro mejor, quien marcara el gol que daba la victoria al Valencia y confirmaba al Málaga en primera.
Yo lloraba en mi asiento como un niño con la cabeza entre los brazos mientras mi hermano se abrazaba eufórico con un montón de desconocidos. Porque el fútbol tiene esas cosas: la comedia, el drama, la realidad en definitiva que transmite, es auténtica. El fútbol se vive como la vida misma.
A pesar de que ambos reaccionamos de forma antagónica ninguno de los dos pudo evitar acordarse inmediatamente de ti. De tu malaguismo irreductible; de que siempre mantenías una fe inquebrantable en este equipo. Y de que el Málaga, como cumpliendo una señal profética que nos habías dejado y no supimos interpretar, había regresado a primera un 30 de junio de 2000. El día que, como signo de fe en su resurrección, se cumplía un año de tu muerte. Perdóname, abuelo. He pecado contra el malaguismo y contra ti.
Qué lejos quedaba Canaletas. Qué lejos las obligaciones de esos equipos grandes, tan acostumbrados a ganar, que ya en agosto ningún barcelonista recordará esta Liga. En cambio, aquí, en Málaga, ninguno de los que asistió el 16 de mayo a la Rosaleda, olvidará este día.
Hoy Málaga amaneció teñida de blanquiazul. Niños y no tan niños pasean por las calles orgullosos de sus camisetas. La ciudad huele a fútbol. A fútbol de primera.
Gracias por enseñarme a amar un equipo modesto.


sábado, 8 de mayo de 2010

El adiós de Mahler

Gustav Klimt "El árbol de la vida" (detalle)
Críticos, músicos e historiadores parecen de acuerdo en que el germen de la música moderna se gestó el 10 de junio de 1865, fecha del estreno de la ópera Tristán e Isolda de Richard Wagner. En aquella partitura, por primera vez en la historia de la música clásica, el cromatismo musical igualaba en importancia a la tonalidad y, desde su famoso primer acorde, aparecían notas caracterizadas por la inestabilidad armónica.
En las décadas que separan esa fecha del inicio del siglo XX, compositores como Debussy, Janaček, Richard Strauss o Ravel, se adentraron por el camino iniciado en el Tristán, coqueteando con la liberación de las formas tonales, pero ninguno se atrevió a romper las barreras de la armonía. Gustav Mahler, hombre a caballo entre una gran variedad de contradicciones (romanticismo y modernidad; Europa y América; judaísmo y cristianismo; decadencia y renovación) fue, tal vez por todas estos conflictos, quien llegó un poco más lejos.
En 1907 Mahler comenzó la que, siguiendo la numeración convencional, debería haber sido su Novena sinfonía, pero a todas las contradicciones anteriormente expuestas hay que añadir que Mahler era profundamente supersticioso. Todos los músicos del ámbito cultural germano que habían dado protagonismo a la sinfonía, comenzando por el propio Beethoven y pasando por Schubert y Bruckner, habían sido incapaces de sobrevivir a la composición de más de nueve sinfonías. Amparándose en la intervención de la voz (algo que ya aparecía en otras de sus sinfonías precedentes como las 2ª, 3ª, 4ª y 8ª), Mahler trató de sortear esa “maldición” bautizándola como Das Lied von der Erde (“La canción de la Tierra”).
En 1909 termina una nueva sinfonía. Sin presencia de la voz y con la clásica estructura en cuatro movimientos. Ya no hay forma esquivar al destino y Mahler no tiene más remedio que numerarla con el 9. Los malos presagios de Mahler se habían hecho realidad en el ínterin entre ambas composiciones, ya que, tras varios episodios de arritmia, le había sido diagnosticada una irreversible y avanzada enfermedad coronaria. Mahler sabe que va a morir más pronto que tarde y que, a pesar de sus ardides para esquivar al destino, la Novena va a ser su última creación.
Toda la obra, pero en especial su cuarto y último movimiento, es planteado como un adiós a la vida. Pero no es una despedida testamentaria y resignada, sino la protesta de alguien que se rebela contra un final injusto; de quien ama profundamente la vida, se considera joven para morir (efectivamente no tenía ni 50 años) y piensa en todo lo que aún le podría deparar en el plano artístico (Mahler nunca se consideró suficientemente comprendido ni valorado) y personal. En este último aspecto juega un papel clave el intenso amor que profesaba hacia su mujer, un amor que en cierto modo le acomplejaba (Alma era casi veinte años más joven que él) y le hacía sentirse inseguro al pensar en el entorno personal de su esposa.
A lo largo del cuarto movimiento, como si de un sueño recurrente se tratase, va erigiéndose como protagonista de la música una obsesiva melodía de forma cíclica y esquema espiral que recuerda a esos sinuosos arabescos que decoran los fondos de muchos de los cuadros de su compatriota y contemporáneo Gustav Klimt. Esa hipnótica y febril melodía no es otra cosa que la agónica lucha de Mahler contra la muerte. A mitad el cuarto movimiento hay un breve instante de paz espiritual (Bernstein, el mayor mahleriano de todos los tiempos, lo calificó de momento zen) en la que el compositor, a través de la música, parece aceptar la muerte (no por casualidad cobran protagonismo los clásicos instrumentos de viento-madera de las capillas musicales para difuntos), pero en seguida Mahler vuelve a rechazar la idea e irrumpe con violencia el tema principal. Finalmente su fuerza irá decayendo y la sinfonía concluye con la música fundiéndose lentamente en el silencio (igual que la vida se acaba fundiendo con la muerte). Mahler, finalmente, parece afrontar su destino en paz.
El 18 de mayo de 1911, tras varios días de agotadora lucha entre sueño y vigilia, Mahler hace un esfuerzo agónico para pronunciar la palabra “Mozart”. Probablemente, por asociación de ideas, recordaba en el momento de se muerte al genio salzburgués. Fueron, efectivamente, sus últimas palabras.
El otro adiós de Mahler es a la propia forma sinfónica (de quien el se sabía último representante) e incluso a la tonalidad. En el Adagio de la Novena, Mahler lleva la melodía hasta el mismo umbral de la tonalidad. La partitura de la Novena sinfonía está recorrida por disonancias, por acordes cuya tensión no parece resolverse. Sólo hacía falta un tímido empujón para que la música traspasara la puerta. No por casualidad sería un discípulo de Mahler, el brillante Arnold Schoenberg, quien atravesara esa puerta, pero no tímidamente, sino haciéndola saltar por los aires. La música ya no volvería a ser la misma.




Para aquellos que han decidido dedicar 25 escasos minutos de su vida a la audición del Adagio de la novena sinfonía de Mahler dejo estas sencillas recomendaciones:
Procura hacerlo con un equipo de sonido que garantice un mínimo de calidad (abstenerse de los altavoces del PC).
Sírvete tu copa preferida y ponte lo más cómodo y relajado posible.
Elige una hora en la que puedas aislarte del mundo, teléfono móvil incluido, durante estos escasos 25 minutos.
Libérate de prejuicios y… Disfruta.

sábado, 1 de mayo de 2010

"Madrilismo"

No. No es una errata ni una falta de ortografía. Tengo muchos amigos madridistas (por cuya afición siento un gran respeto), amantes del fútbol y que ejercen de forma totalmente legítima y razonable su antibarcelonismo (en el fútbol, así como en la vida, ciertas filias llevan emparejadas ciertas fobias de forma totalmente indisoluble). No, el madrilismo es otra cosa.
El madrilista (como a ellos mismos se les escucha decir) es ese forofo que en realidad no es aficionado al fútbol, sino simplemente al Madrid. O, mejor dicho, a que el Madrid gane siempre. Para el madrilista poseer 81 Ligas y 53 Copas de Europa (es decir, todas), se aproximaría bastante al mundo feliz de Huxley. Es más, si el Madrid ganara a partir de ahora todas las competiciones por incomparecencia del rival, el madrilista ni siquiera advertiría que el fútbol ha dejado de existir. Cierto es que todos los equipos poseen “aficionados” de ese perfil, pero un equipo con el palmarés del Madrid (ciertamente el club más laureado del mundo) es más proclive a atraer a esta suerte de personajes.
¿Quién es éste que ni siquiera jugó en el Madrid?
De las 23 ligas disputadas entre 1967 y 1990 (etapa de Plaza al frente del comité de árbitros), el Madrid ganó trece, el Atlético tres, Athletic, Real Sociedad y Barcelona dos cada uno y el Valencia una. Ante esta exegerada desproporción los madrilistas siempre han argumentado que su equipo (que ya no era aquel mítico de los Di Stefano, Gento y cía.) era simplemente mejor. Villar (ejemplo de tipo inepto hasta la repulsión) llegó a la presidencia de la Federación en 1989. Desde entonces el Barcelona ha ganado nueve, el Madrid seis, el Valencia dos y Atlético y Deportivo (a quien el madrilismo tampoco perdona el centenariazo del 2002) una cada uno. El madrilismo, incapaz de soportar que la desproporción de su ventaja haya desaparecido, ha bautizado a este fenómeno de competencia futbolística como “villarato”. Para más inri, el palabro y concepto en cuestión no es invento de un ultra descerebrado, sino de un profesional del periodismo, personas de las que cabría esperar un mayor rigor, análisis y mesura. Pero ¿qué podemos pedir de la prensa deportiva de un país que (a diferencia de Italia, por extraño que pueda parecer) lleva años instalada en el forofismo? (As. Marca, Mundo Deportivo o Sport parecen escritos por los fondos de las respectivas gradas en vez de por una línea editorial coherente).
La semana que el Málaga debía visitar el Bernabéu la prensa madrilista se encargó de preparar bien el ambiente: ¡Nos visita el equipo más tarjeteado de la Liga! ¡Proteged a Ronaldo del juego duro! Llegado el partido fue el portugués quien partió las narices de Mtiliga de un codazo. Durante la siguiente semana esos mismos medios se dedicaron a rebatir que aquello fuese una agresión. Si hubiera sido al revés se hubiera exigido que el defensa malaguista fuera juzgado en un tribunal de Texas.
Hasta mi admirado Santiago Segurola (que jamás ocultó su simpatía por el Madrid), otrora uno de los periodistas más analíticos y rigurosos de este país, se enroló, para mi asombro, en absurdas cruzadas madrilistas. Buen ejemplo de ello es su defensa a capa y espada del reconocimiento por parte de todo el planeta fútbol hacia ese genio incomprendido del balón llamado Guti, el currorromero del balompié (con perdón por el maestro de Camas). Un tipo que es capaz de vivir toda una temporada de las rentas de un partido contra el Valladolid, Racing o Getafe y al que jamás se le ha visto ser desequilibrante en una final europea o un clásico de la Liga. Segurola dedicó la temporada 2005/2006 a exponer cuan imprescindible era (como luego “se demostró”) la presencia de Guti en la Eurocopa. Ese mismo Guti que, tras ser derrotado por el Alcorcón, se negó a intercambiar su camiseta con la de un ilusionado rival que se atrevió a pedírsela, quien sabe si para su hijo o incluso para él mismo. Todo un gesto de grandeza madrilista.
Y es que, amigos míos, el madrilista no disfruta ni admira a los buenos jugadores de fútbol: sólo son buenos los jugadores del Madrid o aquellos cuyo fichaje es inminente. Antes de que se den cualquiera de esas dos situaciones los pobres futbolistas viven ninguneados en la indiferencia: Alkorta en los noventa o Canales en la actualidad, son sólo dos de los muchos ejemplos de jugadores que pasaron de no existir (mientras jugaban en el Athletic y Racing, respectivamente) a ser figuras de la Liga española en cuanto se supo del interés de la “Casa Blanca”. Ni siquiera incontestables del fútbol como Luis Figo o incluso Zinedine Zidane, eran nadie para los madrilistas antes de recalar en su equipo. En cambio pobres tipos como Pelé, George Best, Maradona o Marco van Basten nunca tuvieron la suerte de que el Madrid se fijara en ellos. Una lástima.
El madrilismo, como en mi caso, es mucho más responsable de las conversiones al antimadridismo que la propia afición al Barcelona. Como casi todo seguidor de un equipo modesto he soportado toda mi vida todo tipo de burlas de aficionados de equipos "grandes". Los peores y más hirientes insultos siempre han sido lanzados por madrilistas. Una tarde de 1989 ya no pude soportarlo más y pedí con toda mi alma que algún equipo “me vengara”. Pocos días después el Milan de Sacchi, Baresi, Donadoni y los holandeses le endosaba aquel histórico 5-0 al Madrid. Aquella fue la primera vez de mi vida que había deseado que el Madrid perdiera. Ya no fue la última.
¡Verán qué simpático les parece de aquí a unos meses!
De los grandes clubes de Europa el Madrid es el único que, gracias al madrilismo, ha perdido sus señas de identidad estéticas futbolísticas. A la Juve siempre le ha gustado el cicatero 1-0. Al Ajax, jugar con extremos. Al Manchester, el fútbol directo y vertical. Al Barcelona, la creación en el centro del campo. Al Bayern, la generosidad física. Al Milan, una agresividad narcisista. Desde que yo tengo uso de la memoria futbolística, el Madrid siempre apostó por un fútbol vistoso y coqueto (algo momentáneamente recuperado durante la etapa de Del Bosque, Zidane y Redondo, quien marcó aquel admirable gol en Old Trafford), pero a mediado de los 90 las gradas y medios madrilistas se juramentaron para que su gusto cambiara (siempre y cuando se ganase), dependiendo de donde soplaran los vientos del entrenador de turno: con Valdano, todos se enamoraron de la elaborada parsimonia del fútbol latinoamericano, esos mismos que con Capello se declararon admiradores de la disciplinada efectividad del calcio. Vaya de antemano que Mourinho es un hombre que nunca me ha caído mal (aunque tampoco me parece un ejemplo de simpatía, para que nos vamos a engañar) pero ya veréis como la misma gente que puso en la picota a Clemente por chulo y maleducado justificará el carácter del portugués (¡pero si con Schuster disculparon los desplantes a “Goyo” Manzano y hasta rieron los cortes de manga al banquillo del Athletic!).
Un conocido mío, durante años vinculado a las categorías infantiles y juveniles del Málaga y del CD Puerto Malagueño (para más señas madridista, que no madrilista), me contó la siguiente anécdota: Con motivo de recaudar fondos para una causa benéfica, el Puerto Malagueño consiguió la implicación de una categoría inferior del Real Madrid en un partido amistoso. El estadio Segalerva se llenó de muchos aficionados al fútbol, expectantes por ver algunas de las futuras estrellas de la Liga española. Dirigía aquel equipo un joven y prometedor entrenador que, años después, se convertiría en uno de los técnicos más cotizados de Europa.
A falta de pocos minutos para el final, cuando el Madrid ganaba por un gol de diferencia, el árbitro pitó un penalti a favor de los locales. El joven y prometedor entrenador, indignado por una decisión que el consideraba totalmente injusta, ordenó a sus pupilos la retirada a los vestuarios a modo de protesta. Aunque en el rostro de algunos chavales se leía el deseo de competir hasta el final, todos obedecieron sin rechistar.
En el equipo contrario el ambiente era aún más desolador ¿qué niño no habrá soñado con poder derrotar a uno de los grandes? Un pobre entrenador de equipo modesto, pensando en que sus chicos pudieran mantener el sueño hasta el final, se atrevió a entrometerse en el vestuario madridista de forma humilde y reverente para proponer, a espaldas del árbitro, el siguiente arreglo: estaban dispuestos a marrar el penalti e intentar empatar el partido por otros medios en el tiempo que restaba.
Los dos equipos regresaron a la tierra (Segalerva no tiene césped) y, para que un joven y prometedor entrenador durmiera tranquilo aquella noche, un niño se tragó el orgullo con su saliva, se secó las lágrimas, y lanzó el penalti al banderín de corner. Muchos habrán intuido el desenlace de esta historia: el marcador se mantuvo inmóvil hasta el pitido final.
Aquella fue una jornada gloriosa para el madrilismo.

Cuando juegue en el Madrid será hasta guapo

lunes, 19 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa de Málaga 2010 (Viernes Santo)

Lo siento pero no hay crónica de Viernes Santo. Lo confieso, por más años que lleve sacando un trono cuando llega mi día me paralizo. La impaciencia, los nervios, el miedo (¿por qué no decirlo?) me atenazan hasta el punto de que me vuelvo una persona huraña e insoportable (como bien saben y sufren los que me rodean). Por lo que cuentan los toreros es una sensación parecida a las horas previas a la corrida. No hay forma. Cada año me digo que saldré a ver las procesiones tranquilamente antes de sacar la mía. Una leche. Un año lo intenté: las vi como un zombie y sin enterarme de nada. Hasta que no me acerco al varal, esa sensación no se pierde.
Ahí os dejo un vídeo de mi Soledad del Sepulcro en la espectacular doble curva de Duque de La Victoria, San Agustín y Císter. No hay forma de agradecer a estos anónimos aficionados que realizan estos documentos.
Sobre una mesa sólo decir que el ambiente es indescriptible y nada tiene que ver con salir fuera. Además, allí tengo el privilegio de compartir esfuerzo, trabajo, sudor, alegrías y penas con algunos de los mejores amigos que cualquier persona podría desear.
Va por vosotros.

viernes, 16 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa de Málaga 2010 (Jueves Santo)

Jueves. El día-espectáculo de la Semana Santa. Noche de multitudes, achuchones y ver las procesiones donde uno pueda. Nunca ha sido mi día preferido de la Semana Santa y sin embargo, el resto de la Semana se me pasó tan rapida y me supo tan rara, que este año ha sido el día que más disfruté.
Entre tanto jolgorio folclórico Santa Cruz sigue pareciendo una china en el zapato. Es como si estuviera en una dimensión paralela. Hacen una procesión seria, dignísima y con un hermoso recorrido pero ¿no están fuera de lugar este día? (también podríamos debatir si la "culpa" es de la austeridad de ellos, o de los excesos de los demás).
Viñeros siempre ha sido una de mis cofradías preferidas del día. Solera, tradición, seriedad... El trono del Nazareno es realmente el último ejemplo de carrete que queda en Málaga y deberíamos guardarlo como oro en paño (vergonzos el accidente que sufrió). A ver si concluyen su resturación y volvemos a disfrutar de su auténtica estampa malagueña. ¿Soy el único que ve perderse a la Soledad en mitad de un trono sin palio ni manto largo?
La Cena, desde que cambió de día, de sede y aligeró los tronos, plantea un recorrido para lucirse y recrearse. Suena a viejo, pero dentro de pocos años podremos decir a los jóvenes "pues yo he visto llegar los dos tronos a rastras hasta la RENFE". A pesar de buscar admiradores con sus "nuevas aportaciones" en la forma de llevar los tronos, el público del Jueves está demasiado impaciente por la legión. En Carreterías un año más, nazarenos, hombres de trono e ¡incluso imágenes! (alguien lanzó una lata a la Virgen de la Paz con el lógico razonamiento de que" cuanto antes pase la Cena, antes llegará la legión") sufrieron el comportamiento impresentable de un público que, nos pongamos como nos pongamos NO TIENE NADA DE COFRADE.
La Buena Muerte y la Soledad tienen dos de los tronos y titulares más hermosos de la Semana Santa. Algo que no parece apreciar más de la mitad (y me quedo corto) del público del Jueves Santo. Mena es la legión y la legión Mena para mucha gente y, por desgracia, para parte de la Congregación. No me opongo a la presencia de la legión acompañando a sus imágenes, pero dentro de un repeto y decoro (¿a qué viene ese exhibicionismo marcial propio del día de las fuerzas armadas?). Yo creo que los protagonistas de la Semana Santa son los titulares y, en segundo lugar, los tronos (porque son altar de su grandeza). A lo mejor me equivoco y cosas como las de la Cena en Carreterías son un pequeño precio a pagar para poder disfrutar de la legión.
Misericordia y Gran Poder siempre reuniendo en sus filas nazarenos y hombres de trono de ese Perchel que continúa existiendo en la diáspora. Ese Perchel que, a pesar de su destrucción como espacio físico, continúa pasando de padres a hijos como espacio en la memoria. Es raro ver estos tronos mal llevados. Una única petición ¿cuándo dejarán de alumbrar al trono del Chiquito con luz artificial?
Zamarrilla es un caso que demuestra que tener medios es una cosa y otra bien distinta es tener gusto. El trono de los Milagros es un despilfarro que recuerda a la mezcla resultante de un antiguo coche fúnebre de caballos y un paragüero. La Amargura usa y abusa de su color rojo identificativo hasta el empacho. ¿Tendrán el mismo criterio el día que puedan sacar a la calle el Santo Suplicio?
Aun a riesgo de sonar injusto el que esto escribe debe reconocer que es esperancista hasta la médula. No se ha vivido el Jueves Santo si no se ve a la Señora de la noche pasando sobre el romero. El trono del Nazareno del Paso siempre va bien. El de la Virgen también. Con semejante tamaño es un trono que jamás concede no sólo brindis cara a la galería, pero a veces también se echa en falta un poco de riesgo (parecen estar contados hasta los pasos).
Pero el momento de la jornada se lo llevó Veracruz: ya el crujido de las puertas de San Juan silenció a cofrades, curiosos e incluso a unos pocos "provocadores." Ver salir todo el cortejo desde la oscuridad del interior de la iglesia fue simplemente sobrecogedor (y lo dice alguien a quien nunca le ha impresionado Servitas para que os hagáis una idea). Una de esas imágenes acompañada por sensaciones que jamás se borra de la retina ni de la memoria. La saeta un sonoro patinazo. Todo hay que decirlo.


miércoles, 14 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa de Málaga (Miércoles Santo)

El Miércoles Santo siempre ha sido uno de mis días preferidos: No es demasiado bullicioso, hay gran variedad y contraste entre las Cofradías, y pueden verse algunos de los tronos más espectaculares de la Semana Santa de Málaga.
Fusionadas prosigue su línea ascendente. Me encanta como los aparentemente exagerados sayones de Azotes y columna justifican (ahora más que nunca) la postura, las llagas y el gesto de Cristo. Parece ser que tienen la intención de cambiar un trono que también le va a las mil maravillas. Esperemos que sea para mejor. Exaltación lleva años siendo la más regular. No pude evitar recordar a un hombre de trono que lleva dos años llevando sus varales desde el Cielo. Puede decirse que Ánimas de ciegos, con su restauración, ha realizado otro Cristo ¡pero que Cristo!. Único por su auténtico sabor prebarroco dieciochesco. ¡Que atrás quedaron los días en que el Mayor Dolor salía a la calle casi de cualquier manera en todos los sentidos!.
Como todos los años procuro ver Salesianos en el entorno de San Agustín o Granada. Son un ejemplo de desfile serio y austero que siempre satisface y por eso congrega cada vez más público.
La Puente y la Paloma en su línea. El trono de la Virgen parece ir perdiendo en los últimos ese "vicio" de llegar mal por sistema. El barroquísimo trono de Pérez Hidalgo (con esos hiperbólicos arbotantes) va a ser sustituído (esperemos que por otro que respete su línea y estética) así que estamos viviendo las últimas oportunidades para disfrutarlo.
Si hay una cofradía del Miércoles que, en mi opinión, ha dado un gran salto cualitativo , esa es el Rico. La restauración de los tronos no sólo les ha dado nuevo brillo y esplendor, sino que también les ha permitido eliminar kilos superfluos (cosa que se refleja en lo bien que se llevan desde entonces, sobre todo la virgen del Amor). El Cristo por la Calle Duque de la Victoria, con paso lento acompasado y acompañado por la maravillosa banda de Miraflores-Gibraljaire, parece recuperar la estampa anterior a la guerra civil con la estética granadina (que siempre ha conservado) y el recuerdo del desaparecido trono de Luis de Vicente.
La Sangre debería ser por antigüedad, tradición y solera, cofradía emblemática no sólo del Miércoles, sino de toda la Semana Santa. Para mí siempre decepciona. Este año su desfile por Casapalma y Cácer fue simplemente caótico. El reciente trono de Consolación y Lágrimas evoca en muchas cosas al antiguo de Pérez Hidalgo, artista que, a pesar de que los actuales diseñadores se siguen inspirando en él, prosigue denostado y condenado al olvido.
Expiración siempre será una especie de cofradía de silencio (¡ojo! silencio impuesto y no espontáneo como en otras) al final del Miércoles Santo. Considero que, en su conjunto poseen el mejor parimonio de imágenes y tronos da nuestra Semana Santa. Dolores Coronada y su trono entrando por Strachan son otro de los momentos de este día. Ví mucha menos gente acompañando a la cofradía en su regreso que cualquier otro año ¿De verdad que no estamos en crisis de público cofrade?


domingo, 11 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa 2010 (Martes Santo)

El Martes Santo siempre ha sido el día de la Semana Santa con sabor a barrio popular (en especial el de la Victoria), pero si hay un calificativo para el de este año es sin duda el de raro.
No hace tanto las cofradías se peleaban por salir la última de cada día. Ahora resulta que es justo al revés (¿se esconde tras este cambio el hecho de que cada vez hay menos público cofrade?).
Eso fue ver al Rocío en la calle desde las tres y media: raro. Por lo demás parece ser que los tronos fueron acompañados por todo el barrio de la Victoria hasta el encierro (algo que en los últimos años había quedado "desangelado" a causa del horario.
Sentencia y el Rosario, a pesar de salir de Santiago, se contagian de ese sabor festivo y poplura del día. Dentro de muy poco el trono del Cristo será prácticamente la única obra de Pérez Hidalgo que quede en la ciudad (hombre injustamente ninguneado y muerto prácticamente en el olvido a pesar de dignificar la tradición del trono malagueño en los 40 y 50 sin apenas material, tiempo, ni dinero). El Rosario mucho mejor llevado que el año pasado. Es uno de esos tronos donde se nota en los varales el peso de aquella juventud que cogió los tronos en los 60 y 70 (con todas sus virtudes y todos sus vicios).
Regresando a casa escuché en una emisora local que este Martes Santo había sido uno de los mejores de los últimos años. El chovinismo ombliguista de siempre. ¿Cómo puede decirse eso en una triste jornada en la que un trono parte su palio y regresa a su casa cuando apenas ha comenzado su recorrido? Ver el Rescate arrinconado en la muralla de Carreterías mientras era adelantado por otros tronos como un bólido averiado en boxes fue un momento patético. Mientras tanto, el trono de la Virgen de Gracia (cuyo palio rompió la pletina) quedaba trágicamente parado al inicio de la misma calle. Es curioso que el regreso de la Virgen en unas andas de mano reuniera más público que el inicio de la procesión (¿ganas de acompañar a la imagen, simple curiosidad o morbo?). Aún me pregunto por qué la banda acompañó con toda su pompa a los dos tronos en su trágico regreso, ya que era un momento en el que nada había que celebrar).
Humillación y Estrella vuelve a centrar el protagonismo de su procesión en los tronos y titulares (de lo mejor del día e incluso de la Semana Santa) en vez de en esos detalles folcóricos y festivos de los últimos años. Esa debe ser la línea a seguir por una Cofradía perchelera que posee los tronos más antiguos de nuestra Semana Santa.
Si Rocío y Rescate daban al Martes el sabor Victoriano, ese aire de Cofradía de barrio se ha revitalizado con gran dignidad en la procesión de Nueva Esperanza (todo un vecindario volcado con su cofradía). Cada Martes Santo, mejor. Un único "pero" ¿no se puede poner otro adorno floral de la Virgen? Esas flores parecen brócolis y su verde no contrasta nada con el de la ropa de la imagen.
Entre tanta alegría festiva contrasta sobremanera la sobriedad de las Penas. Podrá ser más o menos criticable donde busca inspiración su estética cofrade, pero hay que reconocer que poseen magníficos tronos y titulares y que su sobriedad y seriedad despiertan admiración. La ubicación de su magnífica casa Hermandad en Pozos dulces ha ganado para Málaga nuevos entornos y rincones cofrades del estilo íntimo y recogido que busca esta cofradía en la calle.

jueves, 8 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa de Málaga 2010 (Lunes Santo)

Crucifixión sale a la calle a la hora en que los platos del almuerzo humean aún en muchos hogares. Aún así han conseguido su propio público de Lunes Santo (y no me refiero sólo al que se da cita en calle Carrión). Recuerdo cuando no hace muchos años esos tronos pasaban por una desolada Carreterías y ahora llevan acompañamiento desde el principio. Su recorrido de este año bonito, pero largo y exigente (con la Catedral al regreso). La citada subida de la cuesta de Carrión para el encierro es uno de los momentos épicos de la Semana Santa de Málaga, demostrando que lo más estético no tienen por qué ser los pulsos ni aspavientos cara a la galería, sino el placer de ver un tono con una cadencia dulce y sin perder el paso (como una lenta y acompasada verónica taurina). Chapó por todos los hombres de trono y por el capataz que este año se estrenaba en la Virgen.
Pasión cumple siempre con la seriedad y rigor que nos tiene acostumbrados. El nuevo Simón de Cirene que estrenaban este año es un completo acierto: supera artísticamente al antiguo y su tensión dinámica se complemente con la "terribilità" miguelangelesca del soberbio Cristo de Ortega Bru. Los capataces y hombres de trono de la virgen del Amor Doloroso (una de las advocaciones más hermosas) parece que comienzan a coger el truco del complicado movimiento de palio que tantos problemas les ha traido en años anteriores.
La religiosidad (forma de expresear y sentir el fenómeno religioso) es algo aún más complicado y personal que la religión en sí. Dicho esto sigue chocándome el espectáculo de Gitanos. Respeto profundamente su expresión de religiosidad pero ¿no podría hacerse dentro de un orden? Entre los tronos y la banda de música (no lo olvidemos, al servicio de trono, titulares y hombres de trono) se inserta un caótico abismo de "promesas" que rompe esa comunión entre música y procesión. Otra cuestión es el trono del Cristo, pide a gritos una renovación, aunque sería de desear que resptando lo más posible la estética del actual (como ya han hecho Ánimas de ciegos o Soledad de Mena).
Estudiantes es una cofradía con cierto sabor a inmovilismo (para lo bueno y lo menos bueno). Lleva igual desde que tenemos uso de razón y han conseguido así muchas señas de identidad propia. La estética pija y elitista que se ve en sus varales (gomina, trajes, etc) me resulta casi tan chocante como la de Gitanos. Curioso que dos caras de una misma moneda se den cita el mismo día. Así es de grande y contradictoria nuestra Semana Santa. El palio de la Virgen pide una restauración a gritos.
Una de las gozadas para los sentidos del Lunes Santo es escuchar a la banda de Miraflores-Gibraljaire tras el Cristo del Perdón. Si encima tocan Margot y el entorno es Echegaray, la experiencia es sobrecogedora. Esto lleva a preguntar ¿por qué la mejor banda de nuestra ciudad (y con diferencia) no se prodiga más en nuestra Semana Santa? ¿Problema económico? ¿de gustos? Que alguien me resuelva este misterio. El trono de Dolores del Puente no deja indiferente a nadie, ni siquiera a uno mismo que cada año parece contemplarlo con ojos y gusto diferentes. Aparte de eso sigo pensando que la corona es excesivamente grande y que necesitaría algo más de iluminación.
El Cautivo en su línea de siempre. Nunca defrauda pero tampoco sorprende. La presencia de los regulares y en especial su banda de música (¡ridículas y destempladas chirimías!) fue simplemente un desatinado despropósito y abre el interrogante de si realmente la presencia militar debe darse a cualquier precio. El trono de la Trinidad recuperó la dignidad perdida el año pasado, cuando el corte con la sección del cautivo era de una hora. ¡Qué lejos quedaron (por fortuna) aquellos tiempos en que la Virgen iba literlamente sola y abandonada por la calle eclipsada por el fervor hacia su propio hijo!

domingo, 4 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa de Málaga 2010 (Domingo de Ramos)

Domingo de Ramos. Es increíble como año tras año y generación tras genaración, la cofradía de Pollinica abre la Semana Santa de Málaga con su cara amable y rodeada de niños. El sol parece recibirla siempre con esa misma sonrisa y en nuestro recuerdo siempre se asocia mañana del Domingo de Ramos con el buen tiempo primaveral. Por otro lado va siendo hora de que renueven el trono del Cristo. Con la luz del día es ya imposible disimular los estragos del tiempo.
Lágrimas y Favores se ha hecho definitivamente un hueco en el mediodía. Ahora es, más que nunca, una gozada pasar la sobremesa en el centro de la ciudad y unir la mañana con las procesiones de la tarde. El buen gusto de esta procesión le ha dado personalidad propia y ya ha dejado de ser conocida como "la Virgen de Antonio Banderas".
Dulce Nombre se ha afianzado definitivamente en nuestra Semana Santa. El grupo escultórico del Cristo marcó un antes y un después en las recreaciones "históricas" de los vestuarios (después llegarían Sentencia y los que están en proyecto) y, unido a la seriedad de la cofradía en la calle, puede tener algo que ver con su éxito.
Salutación busca entornos callejeros recogidos e inéditos. Una apuesta interesante pero ¿no luciría aún más en un horario en que ya no hubiera luz del sol?
El Huerto, por tradición, patrimonio e historia, lleva años llamada a ser la reina del Domingo de Ramos pero no termina de arrancar. Una imprensión personal: sigo pensando que su casa Hermandad está desubicada y me choca ver a una Cofradía de los Mártires llegar de allende el río. La restauración de la imagen del Cristo fue un gran acierto y debería ser seguida por la del magnífico y original manto de la Concepción.
¿Por qué los tronos de la Humildad y la Merced acaban siempre mal? Es hermosísimo verlos por el entorno de la Iglesia de Santiago en calle Granada, pero a la vuelta puede ser un auténtico suplicio con esos tronos hundidos, La imagen del Cristo (una de las mejores de Málaga para quien esto escribe) pide a gritos un grupo escultórico acorde con su calidad. Afortunadamente en esas están.
La Salud, sin aspavientos ni brindis cara a la galería (excluyendo esa salida "de rodillas") ha sabido crear un público propio en el Domingo. Su regreso por calle Nueva es simplemente sobrecogedor y cada vez congrega más público realmente cofrade. Gran acierto recuperar esta calle (absolutamente cofrade hasta los años 50) que deberían seguir todas las hermandades posibles en vez de pasar por el desangelado margen del río.
A esa misma hora subía el Prendimiento por Dos Aceras y Carrión. La otra cara de la misma moneda. Recogimiento frente a espectacularidad. Anonimato frente a lucimiento. Otra forma de vivir la Semana Santa tan legítima como la anterior, pues todo cabe en la experiencia cofrade. No termino de entender la restauración del Cristo pues ha sido más bien una recreación ¿necesitaban los hermanos un nuevo rostro de su titular?
Una última reflexión. En una procesión cuyo nombre omitiremos, una mujer cerraba varal con el hombro a varios centímetros de distancia. Puede que en el futuro las mujeres se vayan incorporando al varal de forma natural pero ¿de verdad quieren que sea de esa forma? Si ya existe polémica, imágenes como esa sólo logran acrecentarla y no dicen nada bueno en favor de la defensa de las mujeres de trono.

sábado, 13 de marzo de 2010

El último brindis

El último de los artículos escritos con motivo de la Eurocopa 2008 fue publicado por primera vez gracias a la generosidad de el blog de Bartola. La victoria de España cerró muchas heridas para la afición y abrió un montón de recuerdos personales. Por eso, lo que iba a ser un homenaje al éxito de la selección, acabó convirtiéndose en un emocionado tributo a mi abuelo: Joaquín Durán Peralta, "el último hombre de palabra". Hoy también lo dedicamos a todas esas aquellas personas que no pudieron vivir ese momento con nosotros porque ahora contemplan el fútbol desde los "Campos Elíseos". Seguro que después de leerlo todos desearéis que pronto se convierta en "el penúltimo brindis".


EL ÚLTIMO BRINDIS

DOMINGO, 29/06/2008

Llorar por el fútbol es algo absolutamente normal. El fútbol no deja de ser un espectáculo, pero a diferencia de cualquier representación es algo auténtico, donde los actores se interpretan a sí mismos y la épica, la tragedia o el final feliz que viven es real. Por eso yo nunca he entendido a aquellos que desprecian las lágrimas en el fútbol y luego les parece lógico y respetable llorar en el cine o la ópera.

Esta es una historia que comienza con lágrimas.

Tres jovenzuelos lloraban desconsoladamente la tarde que España caía injustamente eliminada por Italia en los cuartos de final del mundial de 1994. El viejo se acercó hasta ellos y trató de animarles con una frase sentenciosa que reflejaba esperanza y amargura a partes iguales: Niños, no lloréis; porque vosotros todavía podréis ver ganar a España en muchos mundiales, pero yo éste es el último que veo.

El tiempo demostró que la segunda parte de la afirmación era cierta, entre otras cosas porque tú lo quisiste así negándote a ver el mundial de cuatro años más tarde. Quien sabe, si el hecho de haber pronunciado aquella frase tuvo algo que ver, porque tú cumplías la palabra dada con tal celo, que muchas veces lindaba más bien en el terreno de la cabezonería. Después, cuando tú ya no estabas, la primera parte de la afirmación se convirtió en un chascarrillo familiar, algo con lo que nos reíamos cada vez que lo recordábamos como un chistecillo recurrente ¿España ganando una competición? Y entre nosotros ironizábamos que aunque viviéramos miles de años, la selección estaba lo suficientemente maldita como para llegar a vivir ese momento.

A ti, malaguista irreductible y simpatizante del “Atlético” Bilbao. A ti, republicano y patriota. A ti, creyente con corazón semanasantero y alma anticlerical. A ti, que sólo te escuché idolatrar a Douglas Fairbanks, Ben Barek y Gardel. A ti, defensor de Málaga hasta el chovinismo. A ti, digno pintor de brocha gorda. A ti, que como Ethan Edwards en Centauros del desierto nos enseñaste que un hombre sólo empeña su palabra una vez, y como el propio John Wayne podías llevar a gala el ser Feo, Fuerte y Formal. A ti, zocato cerrado para golpear la pelota y mágico ambidextro para todo lo demás. A ti, que sembraste en mí el gusto por los toros, te fuiste sin verlo florecer y ahora daría lo que fuera por acompañarte a los tendidos. A ti, ¡que sólo a ti debemos esta pasión por el fútbol! A ti, que esta noche te vas a fastidiar porque, aunque padecías una fobia mahometana al alcohol, vas a perdonarnos a los tres el alzar las copas y brindar por tu memoria. Porque yo sé que, estés donde estés, esta vez eres tú el que se ríe con nosotros recordando aquel viejo chascarrillo familiar.

Esta es una historia con final feliz.

sábado, 6 de marzo de 2010

Fútbol en celuloide

El fútbol, a diferencia de otros deportes, no ha tenido mucha suerte al ser trasladado a la gran pantalla. En contraste el mundo del boxeo ha dado muy buenas películas y alguna que otra obra maestra (piénsese en El ídolo de barro, Más dura será la caída, Toro salvaje o incluso Rocky, por poner unos pocos ejemplos). El mismísimo John Huston rodó a mediados de los ochenta Evasión o victoria pero, a pesar de contar con la presencia de figuras como Pelé u Osvaldo Ardiles, la cinta pasó por las pantallas sin pena ni gloria.

Pero, ¿qué le ocurre al fútbol a la hora de ser filmado? ¿No es acaso fotogénico el verdor del césped? ¿O es que las grandes estrellas del balompié no tienen suficiente glamour y palidecen al ser comparadas con las del celuloide? Una primera respuesta podría ser la diferencia cultural. La factoría Hollywood marca el paso (para lo bueno y lo malo) en el cine mundial y, como es sabido, los americanos no han sentido nunca demasiado interés por ese juego al que ellos llaman soccer. Sin embargo, aun admitiendo este lógico razonamiento, yo creo que la clave apunta a otro lugar.

Volvamos al ejemplo del boxeo. A la hora de rodar un combate hay que diseñar previamente una coreografía hasta engranar, como un perfecto ballet, todos los movimientos, golpes, caídas, etc. Cuanto más ensayado esté, más realismo y autenticidad transmitirá en la pantalla. ¿Saben cuál es la diferencia con el fútbol? Que es poco suceptible de ser “fingido”. Inténtelo en casa: ¿hay algo más falso y antinatural que dejarse regatear? Cuando alguien dicta “tú ahora te tragas el amago, a ti te dejan sentado de culo y tú tienes que dejarte un caño”, todo parece quedar reducido a un ridículo paripé. En el fútbol, a diferencia del boxeo, la única manera de transmitir autenticidad es filmar un verdadero partido.

España, país futbolero hasta la médula, tampoco se ha caracterizado por llevar el fútbol a las pantallas con brillantez. En los 50 Once pares de botas (en la que un empresario intenta comprar a un equipo para que se deje perder con ¡ay! el Málaga) o La saeta rubia (con el gran Alfredo Di Stéfano) son ejemplos de infumables bodrios. Y recientemente Matías juez de línea, Días de fútbol o El penalti más largo del mundo no pasan de ser anécdotas más o menos simpáticas.

Otra cosa es Inglaterra. Los ingleses no sólo inventaron las reglas del juego, sino que (quizás por eso mismo) poseen una cultura futbolística más “especial” o “sofisticada” que el resto del mundo. En Inglaterra fútbol, cultura popular (incluyo, por supuesto, la música) y sociedad forman una conjunción de elementos permeables entre sí. Piénsese en el papel de la música en las gradas, donde, por poner el ejemplo más significativo, You’ll never walk alone fue extraído del musical Carousel para convertirse en himno del Liverpool, o donde un jugador no es verdaderamente grande hasta que no se gana una letra dedicada por la afición y coreada al son de algún clásico pop. Esa permeabilidad han sabido llevarla con brillantez a su cine, donde han hecho verdaderas buenas películas en las que la representación del juego no tendrá protagonismo directo, pero el fútbol aparece como un elemento más de la trama o es omnipresente telón de fondo para contar una historia. Son buenos ejemplos Quiero ser como Beckham, de Gurinder Chadha (en la que se refleja la lucha de una niña de origen indio contra los prejuicios culturales), Fuera de juego, de David Evans (basada en la novela de Nick Hornby “Fiebre en las gradas” y que narra como un hincha del Arsenal está a punto de arruinar su vida incapaz de vivirla sin la obsesión por el fútbol), o las recientes y también estupendas The Damned United, de Tom Hooper (sobre la rivalidad entre los entrenadores Brian Clough y Don Revie) o Buscando a Eric, de Ken Loach (en la que un hombre encuentra su espíritu de superación en la admiración por Cantona).

Hollywood dictará los entresijos del cine, pero nadie conoce los del soccer tan bien como los ingleses.