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jueves, 5 de enero de 2023

Los Reyes Magos del Málaga

A Salvi R. Q. Que los Reyes Magos te traigan siempre mejores regalos que al Málaga

Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente representados en un anuncio promocional del Málaga C.F.
Aunque la tradición ha acabado fijando que los Magos que adoraron a Jesús eran tres, todos los niños tienen su rey preferido con el que establecen un vínculo más afectivo sabiendo que, gracias a su intercesión, los deseos de la carta se cumplirán hasta el mínimo detalle. Los hay, además, para todos los gustos: el venerable anciano Melchor de níveos cabellos; Gaspar, con la elegante madurez de su barba castaña; y el exótico Baltasar de piel de ébano. Cabría preguntarse a qué rey mago se encomiendan los clubes de fútbol cada vez que hacen su lista de fichajes de invierno.

Filólogos e historiadores no terminan en ponerse de acuerdo sobre el origen etimológico del nombre "Málaga". Los fundadores fenicios de la ciudad tenían la mala costumbre (como casi todos los pueblos semíticos) de no utilizar vocales en su alfabeto. De esta forma, palabras con significado totalmente distinto pero que coincidían en tener exactamente las mismas consonantes, se deducían simplemente por el contexto de la frase. En el caso del nombre de la ciudad hay diversas teorías, pero la más aceptada admite que MLK' (que es transcrita como Malaka) puede significar "rey" o "reina". Ya tenemos una primera pista.

El Málaga nunca ha tenido mucha suerte en su relación con los Reyes Magos. Habrá aficionados de mi generación que aún recuerden por ejemplo al malogrado "Palomo" Usuriaga. Los futbolistas colombianos (con el entrenador "Pacho" Maturana a la cabeza) comenzaban a despertar asombro en Europa gracias a su papel en las competiciones sudamericanas y un C.D. Málaga, que se asomaba al descenso, se aprestó a incluirlo a bombo y platillo en su carta a los Reyes de 1990, con el glamur añadido de ser el primer colombiano llegado a la liga española. Jugó seis partidos, marcó un gol y su escasa aportación nada hizo por evitar el descenso. Quien si solía acertar en las peticiones a Sus Majestades de Oriente era Irigoyen, presidente del Cádiz. No había año que su regalo no sirviera para salvar al equipo de un fracaso in extremis cuando el naufragio parecía consumado. En su lista de Reyes de 1991 incluyó a Dertycia, un delantero argentino rebotado de la Fiorentina por problemas psicológicos al que su estrés alopécico le valió por parte de la afición amarilla el cariñoso apodo de Míster Proper. Cuando el destino quiso que el Cádiz de Dertycia se cruzara con el Málaga de un ya defenestrado Usuriaga en la promoción de ascenso de junio de 1991 (resuelta en una dramática tanda de penaltis), quedó claro cual de los dos equipos se encomendaba a un rey mago más eficiente.

En 2010 el club cayó en manos de lo que prometía ser, si no un rey mago, sí un jeque multimillonario que además también venía de Oriente. Al-Thani se asemejaba en porte y obsequiosidad, al mismísimo rey Baltasar. Con él se hicieron realidad esos regalos que, de inalcanzables, nadie se atrevía de niño a escribir en su lista por no tentar que el poder de los Reyes pudiera ser limitado. Así llegaron los Baptista, De Michelis, Van Nistelrooy, Toulalan, Cazorla, Joaquín, Isco... En dos temporadas el equipo se desmanteló por impagos y todo tipo de trapacerías hasta ser intervenido judicialmente. A efectos de infancia, aquello fue comparable a despertar el seis de enero con el Scalextric, el Ibertren y el fuerte de Famóbil (Playmobil se llamó después) para que a los pocos días te los arrebataran de las manos unos acreedores llegados en el camión de El Corte Inglés porque los Reyes los hubieran adquirido con un talón sin fondos. Sobre "Baltasar" Al-Thani pesa una orden internacional de detención acusado de blanqueamiento y apropiación de capitales. 

Manolo Gaspar fue un lateral derecho sin especiales dotes técnicas que suplía con dosis de brega y combatividad, algo que en la parroquia blanquiazul suele gustar. Como el puesto titular pertenecía a Jesús Gámez, Gaspar acabó recalando en equipos como el Almería o el Levante y aún tuvo tiempo de regresar a Málaga como suplente del propio Gámez y terminar su carrera en El Palo, el equipo de su barrio. En 2019 la afición recibió ilusionada la apuesta de su contratación como director deportivo: un chico de la casa, de un barrio popular, con apellido de rey mago... Gaspar comenzó a moverse por el mercado con la misma entrega y voluntad que en el campo y trajo a precio de saldo nombres aparentemente contrastados por su solvencia en la categoría de plata. En un habitual arranque de euforia desmedida, los medios locales lanzaron las campanas al vuelo bautizándolo como "El Monchi de La Rosaleda", el hombre destinado a reunir los mimbres para el deseado retorno a la primera división. En la temporada pasada el equipo salvó la categoría de chiripa y en la actual no ha abandonado los puestos de descenso desde la primera jornada. Ya no hay malaguista a quien le ilusionen los regalos del rey Gaspar.

Si partimos de que Málaga significa "rey", en lo que sí coinciden filólogos e historiadores es en que sería una referencia al título honorífico del dios fenicio Melkart, cuya derivación en forma cristianizada no es otro nombre que Melchor. A ver si resulta simplemente que el Málaga lleva toda la vida enviando la carta al rey mago equivocado.

jueves, 25 de octubre de 2012

El partido soñado del Spectrum


AC Milan, AFC Ajax, FC Bayern; FC Porto, Manchester UTD, Paris SG, Real Madrid; CD  Málaga. Esta ristra de equipos, en la que sólo el Málaga desentona, es una de tantas  de las que mi hermano y yo editábamos en el Match Day, un mítico juego de los tiempos del Spectrum. Hoy por hoy, en plena era digital en la que minúsculos pendrives albergan ingentes cantidades de memoria, resulta inverosímil para las actuales generaciones como los ordenadores albergaban 128k de memoria y los programas se cargaban a través de cintas de casete mientras debíamos esperar varios minutos; sistemas multicarga para pasar las pantallas; o aquellos temibles “errores” que solían fastidiar la carga justo al final.
AC Milan, Bayer Leverkusen, Benfica, FC Barcelona, Liverpool FC, PSV Eindhoven, Steaua FC, CD Málaga. Podíamos ir cambiando casi todos los equipos a lo largo de la tarde mientras disputábamos un campeonato tras otro. Podían cambiar casi todos salvo el Milan. Era el equipo soñado. El de aquellas elegantes y exóticas rayas rojinegras. El equipo de Baresi, Rijkaard, Donadoni, Gullit y Van Basten. Aquellos que trituraron con un 5-0 al todopoderoso Real Madrid que en la Liga española conseguía cinco títulos consecutivos y batía récords sin apenas resistencia.  Como soñar es gratis, allí estaba el Málaga, de celeste o de azul, las únicas variedades cromáticas que podíamos encontrarle en aquellos simplísimos gráficos naif que hoy día contemplamos con cariño y nostalgia.
Málaga CF 1-0 AC Milan. No fue el marcador del partido soñado del Spectrum, fue real. Y yo, estuve allí. Fue curioso escuchar tras el encuentro a esos mismos medios de alcance nacional que magnifican las victorias de los “grandes” y minimizan sus derrotas calificar al Milan de  “institución en crisis”, o de equipo que trata de “reinventarse” a la “búsqueda de su identidad”. No será el Milan de Sacchi, Capello, o Ancelotti, pero digan lo que digan sigue siendo el Milan. Con sus siete Copas de Europa, su mismo peso histórico, su mismo poder institucional y su mismo Berlusconi. Si soñar era gratis con el Match Day, ahora nada debe impedir que saboreemos una hermosa realidad.
AC Milan, AFC Ajax, FC Bayern, FC Barcelona, Manchester UTD, Paris SG, Real Madrid, Málaga CF. No es una lista editada en el Spectrum. Son nombres de equipos candidatos a estar en el bombo de la segunda fase de la Champions League. Podría darse, curiosamente, que el Málaga se clasifique y el Milan no, algo intrascendente teniendo en cuenta que el Málaga pasa por una etapa más o menos efímera (Deportivo, Celta o Villarreal ya saborearon estas mieles antes de volver a su realidad histórica, descensos incluidos) mientras que el Milan continuará acumulando Scudetti y Champions Leagues en un futuro no muy lejano.
Una vez me contaron que cuando el Nápoles de Maradona ganó por primera vez el Scudetto, la tapia del principal cementerio de la ciudad amaneció,  tras toda una noche de celebraciones, con la siguiente pintada escrita en letras gigantescas: "¡Lo que os habéis perdido!" Quisiera creer que en Málaga no son necesarios esos excesos porque, de alguna manera, los difuntos malaguistas han podido disfrutar de este partido soñado ¿Acaso no es blanquiazul el cielo?

miércoles, 29 de agosto de 2012

Luna del Pireo

Vista nocturna del puerto ateniense del Pireo.

Hace dos mil quinientos años los atenienses introdujeron un segundo oficiante en sus celebraciones rituales en honor a los dioses de forma que ambos podían dialogar entre sí o con el coro de feligreses. Estaban inventando, sin saberlo, el teatro. Griegos eran también aquellos que idearon un juego llamado esferomaquia que, andando el tiempo, resultaría ser uno de los precedentes del fútbol.
Decía Nietzsche en “El nacimiento de la tragedia” que toda manifestación artística es el resultado del debate entre la estética apolínea (racionalidad, equilibrio, serenidad) y la dionisíaca (intuición, fantasía, frenesí). Si bien es cierto que el filósofo alemán pensaba en el teatro, la música y la ópera, su afirmación podría ser extrapolable al fútbol en cuanto espectáculo escenificado.
El espíritu apolíneo estaría representado por el orden táctico, el pase de tiralíneas  o la seriedad del marcaje. Al espíritu dionisíaco corresponderían la filigrana del regate, la asistencia mágica o el ensueño de la vaselina que desafía la gravedad. Desgraciadamente lo que se ve en los terrenos de juego suele ser más digno de encomienda a Lete (la fuente del olvido del Hades), mientras la versión más burda del éxtasis báquico se refleja en los excesos etílicos de la grada.
Poco saben de momentos apolíneos o dionisíacos en la afición malaguista a lo largo de su historia. La tragedia, en cambio, la han saboreado a raudales (traumáticos descensos, futbolistas malogrados en la flor de la vida, travesía por categorías inferiores o incluso la desaparición del club). Hace dos años la fortuna pareció cruzarse en el camino cuando el club fue adquirido por un magnate que fichó jugadores cotizados y un técnico de nivel internacional. De hecho, la última temporada (con la mejor campaña en la historia del equipo y la clasificación para la Champions), sólo invitaba a soñar.
Sin embargo, apenas un mes después, el sueño pareció tornarse en pesadilla. Diversos problemas relacionados con las gestiones del jeque hicieron que éste paralizara cualquier inversión en el club. Una afición desorientada por la falta de información se despertaba cada día con noticias acerca de denuncias de clubes, impagos a la plantilla o bloqueo de Hacienda, mientras que el equipo era poco menos que abandonado a su suerte en la gira sudamericana y los jugadores emblemáticos comenzaban a ser malvendidos. Los más viejos del lugar, con el antecedente de todo el historial de infortunios, se prepararon para paladear una nueva tragedia.
Para los anales de la épica deportiva quedarán unos jugadores que, pudiendo haber huido en desbandada,  apelaron a su dignidad profesional y dejaron al equipo en la máxima competición futbolística del planeta. Justo es decir que la mayor parte de la responsabilidad debe agradecerse a un Manuel Pellegrini que, como buen capitán, decidió que en caso de naufragio sería el último en abandonar el barco.
Y fue en Atenas, en Grecia, donde culminó esta historia. En la tierra de los dioses y los héroes. Del teatro, la esferomaquia y la tragedia.
A esta hora, el pétreo graderío de un teatro milenario en la ladera de Gibralfaro parece devolver el eco de unos vítores cantados por unos pocos afortunados al pie de la Acrópolis. Quizás, porque la idéntica noche es bañada por el Mediterráneo desde el Helesponto a las Columnas de Hércules. Salió la Luna de Málaga por el Pireo.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Una obra de ingeniería


Manuel Pellegrini (Santiago de Chile, 1953) fue un espigado defensa que dedicó su carrera futbolística al Universidad de Chile. Allí ganó una Copa y llegó a ser internacional en 28 ocasiones. Después de trece años como profesional, una jugada desafortunada marcó el final de su carrera: Pellegrini se disponía a recoger un balón aéreo despejado por su portero con la confianza de tener la posición ganada sobre su rival, un joven delantero de 17 años.  De improviso, el delantero se elevó por encima de él, invirtió su desventaja al quedar suspendido en el aire de forma inverosímil y remató a gol. Todo el mundo (incluido él mismo) le señaló como culpable de aquel tanto, así que Pellegrini, incapaz de perdonarse, decidió colgar las botas definitivamente.  El joven delantero se llamaba Iván Zamorano.
    Una vez retirado, Pellegrini pudo haber dedicado su vida profesional a sus estudios de ingeniería, aunque bien pudiera ser que la planificación de una plantilla y su elaborado diseño táctico tengan más que ver con su titulación de lo que a primera vista pudiera parecer.
    Debutó en el banquillo con el Universidad de Chile en 1988, pero consiguió su primer título en su país con el Universidad Católica. A partir de ahí, su carrera fue en ascenso. Primero Argentina, donde fue campeón del Torneo de Clausura tanto con San Lorenzo de Almagro como con River Plate, después Europa. El Villarreal, que preparaba un proyecto ambicioso, puso sus ojos en el chileno y Pellegrini lo llevó a codearse entre los grandes con resultados y un fútbol que despertó admiración. En 2006, tras superar a equipos como el todopoderoso Milan, sólo un penalti marrado por Riquelme en el último suspiro de la eliminatoria contra el Arsenal le privó de jugar la final de la Champions. Después de tocar techo con el Villarreal convirtiéndolo en subcampeón de Liga, el Madrid lo eligió como alternativa al Barça de Guardiola. Florentino y su entorno se lo exigieron todo y no le ayudaron en nada. Sólo le soportaron un año en el que no consiguió ser campeón pero batió el récord de puntos del equipo. Fiel a su estilo, se fue sin rechistar ni patalear.
    Cuando el “Petromálaga” le llamó, se hallaba coqueteando peligrosamente con la parte baja de la tabla. Lo fácil hubiera sido sacar al equipo de ahí pegando pelotazos, pero Pellegrini lo hizo jugando el mejor fútbol posible dentro de los límites de la plantilla.
    Para la siguiente temporada el diseño del equipo ya sería suyo: Pellegrini construyó el Málaga como una obra de ingeniería compuesta en torno a una bomba diésel (Toulalan), dos pistones subiendo y bajando por el centro del campo (Joaquín e Isco), un distribuidor (Cazorla) y un percutor explosivo (Baptista), todo ello bajo la protección de una sólida carcasa (De Michelis). Cuando tras un titubeante inicio de temporada la máquina comenzó a funcionar, ocurrió una desgracia: las piezas comenzaron a estropearse. Baptista se rompió, Joaquín inició un rosario de lesiones y Toulalan se fundió.
El ingeniero abrió la caja de recambios y se encontró con un puñado de jugadores más acostumbrados a luchar por la permanencia que a la alta competición (como Duda, Weligton o Rondón) y algunas de esas piezas antiguas que resultan más ornamentales que eficaces (como Van Nistelrooy o Maresca). Sin embargo el ingeniero no se descompuso y rediseñó el aparato en torno a un Cazorla al que (aun a riesgo de desbordarlo, como de hecho estuvo a punto de ocurrir) se le pidió el soberano esfuerzo de hacer de mediocentro, interior por ambos lados, mediapunta u hombre con libertad de movimientos. Por fortuna también contaba con Monreal, una bobina capaz de recorrer el circuito completo, y la grata sorpresa de que una incógnita como Camacho resultara ser el inyector de aire que el equipo necesitaba.
Tengo la impresión de que cuando pase la embriaguez de la clasificación para la Champions, corra el tiempo y se analice este equipo con la perspectiva de los años, nadie recordará este Málaga por el jeque Al-Thani, ni siquiera creo que se le recuerde por alguna de sus individualidades (salvo, probablemente, Cazorla). Cuando se hable de este equipo se recordará como el Málaga de Pellegrini.
Después de conseguir la mejor clasificación en la historia del Málaga, Pellegrini afirmaba con su habitual tranquilidad y modestia que en el fútbol el fin no justifica los medios, sino que hay que hacer las cosas con corrección y jugar lo mejor posible. Independientemente de que sea un caballero, un ingeniero no se plantea diseñar sus obras de otra manera.

domingo, 22 de abril de 2012

El misterioso caso de los colores que desteñían

Todos los años se produce en la ciudad de Málaga un curioso fenómeno digno de la atención de Iker Jiménez. De hecho, numerosos parapsicólogos e investigadores de lo paranormal están centrando sus estudios en la capital de la Costa del Sol para analizar estos inquietantes hechos, aunque hasta el momento reconocen que escapa a cualquier hipótesis y que el caso en cuestión les tiene en jaque.
La descripción de los hechos es la siguiente: como cada temporada, casi la mitad de las camisetas del Málaga que se vendieron al comienzo del campeonato han perdido, sin explicación aparente, sus franjas azules hasta quedar completamente blancas. Este fenómeno ocurre siempre de improvisto en un solo día y la trasformación parece producirse en pocos minutos e incluso segundos. Representantes de la marca deportiva encargada de fabricar el producto no han querido hacer declaraciones, mientras que fuentes próximas a los principales vendedores han negado que éstas se distribuyan desde Bélmez como en principio se especuló.
Si este fenómeno les parece desconcertante, otros años ha sido, si cabe, aún más  macabro e inquietante: que unas camisetas blanquiazules pierdan el color hasta quedarse blancas (aunque sea en un solo día y de forma simultánea) puede deberse a agentes perfectamente explicables como la calidad del tejido o la caducidad de la tintada, pero ¿cómo explicar que otros años han sido las franjas blancas las que misteriosamente se han teñido de un grana sanguinolento mientras el azul ha permanecido intacto?
Algunos escépticos consideran que no existe tal fenómeno y proponen una explicación más prosaica y racional. Aseguran que en realidad el Málaga es el segundo equipo de la mayoría de los habitantes de la ciudad y que éstos son, en realidad, del Madrid o el Barcelona.  Los investigadores rechazan por absurda esta explicación porque, como es obvio, todo el mundo es aficionado al equipo de su ciudad.
Yo, por si acaso, el año que viene me fijaré bien en la etiqueta para analizar la composición y seguir las instrucciones de lavado al pie de la letra. Seguiremos informando.

Algunos creen reconocer a Cristiano en la imagen de la izquierda y a Messi en la de la derecha

lunes, 17 de mayo de 2010

Perdóneme, abuelo, porque he pecado

El profeta Zacarías, por Miguel Ángel, en la bóveda de la capilla Sixtina.
Ese día todos los profetas se avergonzarán de su misión y ninguno vestirá su manto para predicar.
Y cada uno dirá. “No soy profeta; sino agricultor. La tierra siempre fue mi ocupación”.
Zacarías 13, 4-5.

Con ese mismo espíritu me dirigía yo al estadio de la Rosaleda. Sin vestir, por primera vez en toda la temporada, la camiseta del Málaga. La falta de fe en la permanencia y la vergüenza ante una más que previsible goleada del Madrid me habían dejado en casa las ganas de lucir los colores albicelestes. Mi intención no era otra que la de confundirme entre las filas de pueblerinos (en el buen sentido de habitantes de pueblo) que acuden en masa a la Rosaleda cada vez que juegan el Barcelona o el Madrid.
Una semana antes mi fe y dignidad malaguista habían tocado fondo y para que se cumpliera otra de las profecías del propio Zacarías (esa que los evangelistas adjudican al Iscariote), había puesto en venta mi abono con la idea de, al menos, sacar algún provecho de la nefasta temporada de juego y resultados con la que había malgastado mi dinero.

“Si os parece bien tasad mi precio, si no, dejadlo”.
Ellos tasaron mi precio en treinta siclos.
Zacarías 11, 12.

Pero el destino y el Dios del fútbol me tenían guardada una lección que no podría olvidar y no consintieron que el abono se vendiera. Así que allí estaba yo. Sentado a desgana en la grada. Tragando sapos y culebras. Asistiendo a lo que no quería asistir: el descenso del Málaga y (¡horror!), lo que podía ser peor por el insoportable contraste; ver al madridismo celebrar un título en la Rosaleda.
Ya el temprano gol me hizo olvidar la temporada, los sapos y culebras y hasta las treinta monedas de plata. Yo adoro la música, el cine y la literatura, pero ni Wagner, John Ford o Borges pueden trasmitir la eléctrica descarga de adrenalina que nos hace vivir este espectáculo real al que llamamos fútbol.
A falta de cinco minutos, si el resultado se mantenía, el destino del Málaga dependía de que el Tenerife no ganara en Valencia. Todo el estadio tenía los ojos en la Rosaleda y los oídos en Mestalla y desde allí, se cantó un gol…
Para demostrar que se cumplía un destino escrito con letras de profecía bíblica, quiso el Dios del fútbol que fuera Alexis, uno de los muchos malaguistas exiliados en busca de un futuro mejor, quien marcara el gol que daba la victoria al Valencia y confirmaba al Málaga en primera.
Yo lloraba en mi asiento como un niño con la cabeza entre los brazos mientras mi hermano se abrazaba eufórico con un montón de desconocidos. Porque el fútbol tiene esas cosas: la comedia, el drama, la realidad en definitiva que transmite, es auténtica. El fútbol se vive como la vida misma.
A pesar de que ambos reaccionamos de forma antagónica ninguno de los dos pudo evitar acordarse inmediatamente de ti. De tu malaguismo irreductible; de que siempre mantenías una fe inquebrantable en este equipo. Y de que el Málaga, como cumpliendo una señal profética que nos habías dejado y no supimos interpretar, había regresado a primera un 30 de junio de 2000. El día que, como signo de fe en su resurrección, se cumplía un año de tu muerte. Perdóname, abuelo. He pecado contra el malaguismo y contra ti.
Qué lejos quedaba Canaletas. Qué lejos las obligaciones de esos equipos grandes, tan acostumbrados a ganar, que ya en agosto ningún barcelonista recordará esta Liga. En cambio, aquí, en Málaga, ninguno de los que asistió el 16 de mayo a la Rosaleda, olvidará este día.
Hoy Málaga amaneció teñida de blanquiazul. Niños y no tan niños pasean por las calles orgullosos de sus camisetas. La ciudad huele a fútbol. A fútbol de primera.
Gracias por enseñarme a amar un equipo modesto.


lunes, 1 de febrero de 2010

Corazón, alma, sueños y sangre

Al margen del equipo de nuestra localidad, ser seguidor de un equipo de fútbol es de las pocas cosas que se pueden elegir en esta vida -habrá barcelonistas en Pekín e incluso Madrid, o tifosi de la Juve en Qatar-, pero si en el primer caso está claro que el vínculo que nos une es meramente espacial, en el segundo las razones que provocan la afición por unos colores determinados son un completo misterio que forma parte de la mitología particular de cada uno.

El Málaga es el equipo de mi corazón. El primer nebuloso recuerdo relacionado con fútbol que mantengo en la memoria es de algún partido del Málaga en la Rosaleda hace vaya usted a saber cuantos años. Aún hoy me emociona la impresión que me provocaba ver surgir el verdor del césped ante mis ojos conforme subía el acceso a las gradas de la mano de mi abuelo. Fue también el Málaga el que rompió ese mismo corazón un 27 de julio de 1992. Tras años de gestión filibustera, de pasar vergüenza ajena viendo como embargaban trofeos o cortaban luz, agua y teléfono, de contemplar impotente como Juan Gómez Juanito tuvo que salir a buscarse la muerte a las carreteras extremeñas porque aquí no podía ya pagársele su sueldo de técnico, la asamblea de socios acordó la desaparición de un C.D. Málaga en quiebra y su refundación como Málaga C.F. en 3ª división. Después llegarían los ascensos fulgurantes, el regreso a 1ª y hasta la Intertoto y UEFA que más o menos fueron cerrando la herida, pero a mí siempre me quedará una enorme cicatriz. Y como todas las cicatrices se resiente en tiempos de nubarrones.

Lo normal es que los gustos futbolísticos de los hermanos mayores influyan en los de los pequeños. En mi caso fue al revés. Veía a ese niño amar al Athletic con tanto entusiasmo, que al final me acabó contagiando. Y es que, en estos tiempos de merchandising ultra capitalista, audiencia internacional y televisión de pago ¿cómo no amar a un equipo que por número de socios podría haber seguido siendo grande y por fidelidad a sus principios prefirió ser modesto? ¿Cómo no amar a una afición que antepone los colores a los intereses del mercado? ¿Cómo no amar un estadio que es la una Catedral donde se vive y respeta el fútbol como en ningún otro campo? El amor al Athletic es como el alma: un sueño romántico e irracional, por eso el Athletic siempre será el equipo de mi alma.

Cuando los niños soñaban en la calle mientras corrían tras un balón, con llegar a jugar en el Madrid o el Barcelona, yo soñaba con el Liverpool. En los tiempos en que no existía Internet y todo lo que llegaba a una pantalla era a través de dos canales de televisión, el fútbol inglés era algo absolutamente exótico. Una retransmisión de la final de copa inglesa con los Grobbelaar, Beardsley, Rush y, sobre todo, los eléctricos slaloms por la banda de John Barnes, convirtió para siempre al Liverpool en el equipo de mis sueños. La tragedia de Heysel del 85 y la posterior prohibición de participar en competiciones europeas para los equipos ingleses lo hizo aún más lejano y misterioso. Fueron años en los que, a falta de partidos oficiales entre los equipos continentales y los de las islas, la competitividad a nivel internacional de los clubes ingleses entraba en los terrenos de la especulación. Y así, uno tenía que volver a esos sueños para imaginar como sería una eliminatoria que enfrentara al Liverpool con el Madrid o el Milan. Eso son los Reds, el equipo de mis sueños.

Desde que tengo uso de razón he estado orgulloso de la sangre italiana (más concretamente piamontesa) que corre por mis venas. Por esa razón siempre tuve cierta afinidad con la Juventus (además allí estaba Platini, uno de mis jugadores preferidos). Sin embargo, a finales de los 80, supe que la vieja señora de los Alpes no era la única inquilina de la ciudad, sino que la compartía con un pariente pobre que lucía una camiseta grana como mi sangre: el Torino. Con el tiempo me enteré de que la Juventus era italiana y de la Fiat, mientras que el Toro era genuinamente piamontés y turinés. Cuando encima conocí su trágica y fascinante historia, con la catástrofe de Superga o la desafortunada muerte de Gigi Meroni, el Toro tiñó definitivamente de grana mi sangre piamontesa.

He hablado de los equipos de mi corazón, alma, sueños y sangre. Faltan mis entrañas... que siempre fueron antimadridistas, pero eso es ya otro cantar.

"Il grande Torino", trágicamente desaparecido
en el accidente aéreo de Superga el 4 de mayo de 1949