Mostrando entradas con la etiqueta Una cuestión de gustos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Una cuestión de gustos. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de septiembre de 2012

Incomunicado, antisocial, cultureta, friki, radical... ¡Cavernícola!

A todos aquellos que pensáis que tanto internet como las nuevas tecnologías puden dar más de sí.
 
Nunca me he considerado enemigo del progreso o del desarrollo tecnológico. Ambas cosas nos han sacado de las cavernas y nos han traído las vacunas, la electricidad, el agua corriente, el reproductor de música o el cinematógrafo. Sin embargo, la vorágine por adquirir nuevas tecnologías y sus consecuencias sociales se están convirtiendo en una carrera consumista que raya los límites del absurdo. Hoy resulta más acertado que nunca aquel comentario de Oscar Wilde de que "no hay nada tan peligroso como ser tan moderno ya que se corre el riesgo de quedar anticuado en seguida".

¡TODOS BAJO COBERTURA!
Lástima que no prosperaran estos móviles de autnetico diseño italiano
Hasta mediados de la década de los 90 la telefonía móvil era una rareza y un lujo sólo al alcance de seudoejecutivos y tipos con pinta de agentes de bolsa. Ponerse en contacto con familiares, amigos y conocidos no era difícil: todos sabíamos a qué hora telefonear (hoy diríamos al "fijo") para encontrar a cualquiera en casa. Pero de repente, la generalización del móvil vino acompañada de una mayor dificultad para contactar con la gente por cauces "tradicionales". Casi nadie parecía estar en casa nunca y no se devolvían las llamadas al domicilio "Uy, es que llamar a un fijo desde el móvil es muy caro", decían. Por si fuera poco las consecuencias de no tener móvil llevaban incluso a la exclusión social: podías estar esperando a los amigos más de media hora sobre el horario previsto para la cita y luego escuchar "Uy, hemos llegado tarde pero al único al que no pudimos avisar fue a ti. Como no tienes móvil, estás incomunicado". Eso por no hablar de las conversaciones que no podías seguir porque llevaban rato iniciadas gracias a la complicidad de las llamaditas o los SMS. Mis amigos incluso hicieron el esfuerzo de convencerme con ejemplos realistas tomados de la vida cotidiana: "Uy, tener un móvil es la única forma de avisar a la policía si una banda albano-kosovar te mete en un maletero para secuestrarte". Yo, que siempre he sido un poco paranoico, encontré un verdadero argumento de peso, pero cuando estaba a punto de salir corriendo a la tienda pensé que si mis amigos eran incapaces de localizarme sabiendo mi domicilio y teléfono fijo ¿cómo diablos iba a encontrarme una banda de albano-kosovares? Finalmente, a mediados de 2005, fui trasladado fuera de mi ciudad por motivos de trabajo y pensé que el móvil sería más cómodo y rentable que la cabina de teléfonos. ¡qué placer el de mandar y recibir llamadas y mensajitos! Y lo mejor de todo: ¡Volvía a estar comunicado con el mundo!
   
¿Cómo se las apañaría Hermes sin messenger?
TIENES UN EMILIO
Pero, ay, amigos míos, cuan efímera es la ilusión de sentirse plenamente satisfecho. Al poco tiempo comenzaron los mismos problemas de comunicación. "¿Por qué nadie me avisa por el móvil?", protesté. "Uy, el móvil es muy caro", contestaron, "Nos hemos pasado todos al Messenger".
Para continuar esta historia debemos retroceder más o menos a la época en que aparecieron los móviles. Cuando Internet comenzó a generalizarse, muchas personas que jamás habían escrito una carta, sintieron la necesidad imperiosa de crearse un correo electrónico. Yo, que siempre he sido un apasionado del género epistolar, me entusiasmé imaginando que aquello sería el inicio de una hermosa y fructífera correspondencia con los amigos. Cual sería mi desilusión al encontrar mi buzón abarrotado de virus informáticos, estúpidas cadenas de mensajes plagados de leyendas urbanas, chistes de dudoso humor y pornografía de lo más soez. Pero al menos, tener un correo me permitía usar la aplicación del Messenger para no volver a quedar aislado.

ATRAPADO EN LAS REDES SOCIALES
Mas un buen día, paciente lector, aquellas lucecitas verdes que advertían de la disponibilidad de los contactos dejaron de encenderse para siempre. "¿Dónde os metéis todos?", pregunté. "Uy, el messenger es muy limitado. Ahora estamos todos en Facebook, donde puedes compartir imágenes y otros contenidos. Si no fueras tan antisocial, ya te habrías hecho uno". Y es que, con el transcurso del tiempo, los teléfonos se habían desarrollado tanto que, gente que jamás había hecho una foto, sintió nuevamente la imperiosa necesidad de adquirir un nuevo móvil con cámara.
Tengo que reconocer que la primera vez que entré en Facebook su potencial de comunicación me fascinó. Si un comentario del tipo "Acabo de hincar un truño" era capaz de suscitar decenas de réplicas y muestras de aprobación a pesar de su escatológica concisión, ¿qué cantidad de intercambios y sugerencias generaría compartir artículos de divulgación, música o vídeos? Cual sería mi sorpresa al comprobar que estos menesteres solían ser recibidos con general mutismo por mis contactos. "Uy", me explicaron, "es que usar todo esto en Facebook resulta un verdadero desperdicio" (podrían haber añadido, parafraseando a Les Luthiers, "y tenemos por costumbre deshacernos de los desperdicios"). "Esas utilidades son más propias de un blog", me aconsejaron, "¿por qué no te haces uno?". Y fue así, amigos y seguidores, como en enero de 2010 arrancó El asunto Daffari, que tampoco tuvo la aceptación esperada por, digamos, la desconcertante disparidad de contenidos. "Uy, cine y música clásica, que cultureta", decían unos, "con este nivel cualquiera se atreve a hacer un comentario". "Uy, fútbol y Semana Santa", decían otros, "mira si hay que ser friki para dedicar literatura a esas cosas". En fin, en esas andamos.

Este señor ha encontrado algo realmente digno de compartir en las redes sociales.

LOS POLLITOS DICEN PÍO, PÍO, PÍO. CUANDO TIENEN HAMBRE, CUANDO TIENEN FRÍO
Mientras tanto, a algún cerebro pensante se le ocurrió que la posibilidad de poder acceder a Internet sólo desde el domicilio era algo obsoleto y debería poder hacerse a través del móvil desde cualquier lugar (era ciertamente frustrante que alguien comentase haber hincado un truño y no pudiéramos contestar inmediatamente, sino al llegar a casa un par de horas después). Así que la gente tiró sus móviles llenos de cámaras y megapíxeles y corrió a hacerse con Iphones, Ipads y demás maravillas de la tecnología. Para estar "in" ya no valen llamadas, sms, emails, messenger, facebook ni gaitas. Ahora hay que tener el Wassup (o como leches se escriba). Cansado ya de la fugacidad de cada invento y aplicación, me negué a cambiar de móvil y protesté por lo que consideraba simple frivolidad consumista. "Uy, tú es que siempre has sido un radical", me espetaron.
De la noche a la mañana me vi solo en Facebook. "Uy, ahora estamos todos en Twitter", me advirtieron. "Es que en Facebook sobran demasiados caracteres cuando escribes desde el móvil y además, hay muy poca privacidad". Yo no quise decir nada, pero para comentar "acabo de hincar un truño" ciertamente no te hacían falta demasiados caracteres. En cuanto a lo de la privacidad, el hecho de ilustrar semejante estado con tu foto en plena faena sobre la taza del váter, tampoco es que dejara mucho espacio a la intimidad.
Por lo que respecta al Twitter (lo último hasta el momento) hay que reconocer cuan limitado era pasar una cena con los amigos disfrutando tan sólo de la conversación de los presentes. Gracias a Dios, esta aplicación abre la velada al resto del mundo, convirtiendo el entorno de la mesa en una especie de gallinero (la palabra tweet va que ni pintada ya que significa "piar" en inglés) donde los constantes pitidos y zumbidos advierten de un nuevo y jugoso comentario allende las ondas. Pero no se crean que los que carecemos de estos inventos nos sentimos aburridos o excluidos, uno siempre puede dedicar esos momentos de ensimismamiento a calcular cuanto ha crecido en la última semana la mata de albahaca.
Y aquí es donde, servidor, siguiendo el ejemplo del viejo Groucho, pide aquello de "paren el mundo que me bajo". Me niego a continuar con esta absurda escalada consumista: paso del Facebook y estoy planteándome que hasta del teléfono móvil. Continuaré el blog (con lectores o sin ellos) porque me parece una estupenda excusa para obligarme a escribir. Aun a riesgo de quedar incomunicado, ser antisocial, que me califiquen de cultureta, friki o hasta radical. Si toda esta gilipollez alienante es progreso, llámenme... ¡Capitán cavernícola!

¿Cómo se podrá reir sin messenger, facebook, wassup ni twitter?
Como pequeña recompensa para los que habéis tenido la santa paciencia de llegar hasta el final de esta elucubración mental, os dejo esta desternillante escena de Un día en las carreras. Decidme si  no podría ser digna metáfora del tocomocho con el que nos estafan constantemente en nombre del "progreso".

domingo, 13 de mayo de 2012

Malos de película

¿Quién no ha vuelto durante su infancia entusiasmado del cine emulando al "bueno" con una espada o pistola imaginaria? Pasan los años y con la madurez comienzan a cautivarte esos fotogénicos malos de película. Esta es una propuesta de algunos de mis malos preferidos de la historia del cine.


¡Todos al búnker! digo... ¡Al castillo!

Hagen von Tronje (Hans Adalbert Schlettow. "Los Nibelungos". Fritz Lang, 1924). El terrible Hagen del Cantar de los Nibelungos es el arquetipo de villano capaz de llevar su ambición  desmedida hasta la total aniquilación (incluida la propia). Primero planea la traición del héroe Sigfrido y consuma su asesinato por la espalda. Después, arrastra a sus hombres a un inútil baño de sangre al matar de forma prácticamente gratuita al niño de Atila y Krimhilda. Sin embargo, a pesar de todas sus vilezas, su resistencia suicida en su último refugio le acaba dando una imagen heroica incompresible más allá del ámbito cultural germano. Tal vez, eso mismo explique a la perfección lo que estaba a punto de acontecer en Alemania.

"Como Orson me demande, visito a su mujer."
Verdoux, alias Varnay, alias Bonheur, alias Floray (Charles Chaplin. "Monsieur Verdoux". Charles Chaplin, 1947). Chaplin se adelantó a Welles para realizar su versión de Landrú, el asesino de mujeres que durante los años 20 se convirtió en el moderno "Barba Azul". Por primera vez en la historia del cine, se presentaba la paradoja de como un asesino despiadado podía ser, al mismo tiempo, un marido ejemplar y un padre cariñoso preocupado por sus hijos. Chaplin, además, convirtió el discurso final de Landrú antes de ser enviado a la guillotina en un alegato antibelicista comparando sus crímenes con el cinismo de todas esas guerras que banalizan la muerte "en nombre de la patria" .

"¡Mírame, , en la cima del mundo!"
Cody Jarrett (James Cagney. "Al rojo vivo", Raoul Walsh. 1949). Hasta el malo más malísimo y el mayor de los criminales quiere a su mamá y espera que se sienta orgullosa de su hijo. Por más años que pasen, la escena en la que el protagonista se entera de la muerte de su madre mientras está en el comedor de la cárcel, sigue siendo insuperable.

"¡No me cojas el cuchillo, me vuelve loco!"

Harry Powell (Robert Mitchum. "La noche del cazador", Charles Laughton, 1955). A medio camino entre un psicópata asesino en serie y el lobo de los cuentos de terror para niños. Y es que, a pesar de estar ambientada en la rural y puritana américa profunda, la única cinta dirigida por Charles Laughton tiene un aire de fábula infantil enmarcada en imágenes del más puro terror gótico que, como bien dice Fernando Trueba, es un claro precedente estético y narrativo de Tim Burton. Este lobo con piel de cordero que cautiva con su verborrea y juega con sus tatuajes, también pudo servir de inspiración para Robert de Niro al componer su personaje de Max Cady en "El cabo del miedo".

"Antonino, ¿Comes ostras o caracoles?"
Craso (Laurence Olivier. "Espartaco". Stanley Kubrick, 1960). Dalton Trumbo (uno de "los diez" de la lista negra de Hollywood condenado al ostracismo por comunista) fue el responsable de componer este patricio romano obsesionado con el poder, corruptor sin escrúpulos y de sexualidad ambigua, mientras que el gran Olivier fue capaz de llevarlo a la pantalla de una sola pieza. La escena en la que descabella desde el palco al gladiador Draba (Woody Strode) es, a mi juicio, una de las más violentas y brutales de la historia del cine sin necesidad de mostrar nada. Magistral Kubrick.

"Desde luego, la carne está por los suelos".
Liberty Valance (Lee Marvin. "El hombre que mató a Liberty Valance". John Ford, 1962). Ladrón, borracho, camorrista, asesino, violador... este es un malo con todas las de ley interpretado de forma repulsiva (y por tanto magistral) por Lee Marvin y el par de hienas que le acompañan (Stother Martin y Lee van Cliff). Sobre su cadáver se construyen una mentira, una carrera política y una leyenda a costa de arruinar una vida. Pero en el far west ni siquiera la verdad o la historia pueden contradecir a los mitos.

"Si me creen violento, esperen a ver
a Brando pagando la hipoteca de la isla".





Capitán William Bligh (Trevor Howard. "Rebelión a bordo". Lewis Milestone, 1962). El capitán de la Bounty es uno de los oficiales más sádicos y crueles de la historia del cine. Tanto es así, que incluso su honorable y obediente primero de a bordo Fletcher Christian (Marlon Brando), se ve arrastrado a la insubordinación y el motín. Hasta el tribunal militar que estudia el caso y le absuelve de culpabilidad le responsabiliza de "exceso de celo" en el cumplimiento de su deber. Quien no haya visto esta película siendo niño, no sabe lo que es odiar de verdad a un personaje de celuloide.

Todos sabéis perfectamente lo que está diciendo.
Darth Vader (David Prowse-James Earl Jones. "Trilogía Star Wars". G. Lucas, I. Kershner, R. Marquand. 1977-1983). George Lucas se valió de sus estudios de antropología para componer un personaje que mezcla las sagas nórdicas y artúricas con la estética de un samurai japonés y el fatum ineludible de los trágicos griegos. Es, sin duda, el malo de mi generación. En España el personaje es inseparable de la voz de Constantino Romero.

"Todos esos momentos se perderán... como lágrimas en la lluvia".
Roy Batty (Rutger Hauer. "Blade Runner". Ridley Scott, 1982). Los replicantes van a la busca de su creador para asaltarle con las mismas preguntas y preocupaciones que tenemos los humanos. No hay duelo interpretativo con Harrison Ford, pues Hauer se lo come literalmente. Su soliloquio del final (que por cierto improvisó) es, sin duda, uno de los momentos más mágicos y evocadores de la historia del cine.


Yo creo en Dios, pero temo a Keyser Söze
"El mejor truco que inventó al diablo fue hacer creer que no existía..." 
Keyser Söze (Scott B. Morgan. "Sospechosos habituales". Bryan Singer, 1995). Bryan Singer contó para su primera película importante con un reparto de campanillas (Gabriel Byrne, Kevin Spacey, Chazz Palminteri o Benicio del Toro, entre otros). Keyser Söze, es un personaje que, supuestamente, maneja los hilos de una poderosísima organización criminal, aunque su desconocido origen y naturaleza (es un ser a caballo entre lo real y lo imaginario, lo humano y lo diabólico) hace que muchos duden de su verdadera existencia. Con permiso de los seguidores de Hannibal Lecter, Keyser Söze es, a juicio de quien esto escribe, el malo de la década de los 90.
"... Y así, desapareció".

Ledger y su Joker han puesto muy alto el listón al próximo "malo".
Joker (Heath Ledger. "El caballero oscuro". Christopher Nolan, 2008). Muchos torcimos el gesto extrañados cuando supimos la elección de Nolan para el papel del mayor enemigo de Batman. Existía el precedente de Jack Nicholson y su personaje locuelo, socarrón y desenfrenado, pero el malogrado Ledger lo hizo olvidar con su magistral interpretación: este es un Joker que aterra, que saca lo peor de los seres humanos y que pone una mente brillante al servicio del caos.

martes, 9 de agosto de 2011

El espíritu de la cebada

Relaciono la cerveza con dos amigos llamados Joaquín. Con Joaquín M. L. descubrí y bebí las primeras "birras" de la adolescencia. Con Joaquín R.L. las comento y disfruto pausadamente en la actualidad. A la salud de ambos.
 
Si, como ya dijimos desde estas líneas, el whisky es ese mágico elixir ámbar, la cerveza no es otra cosa que el espíritu de la cebada.

Una bebida divina
Osiris, dios egipcio de la agricultura,
los cereales y la cerveza
El vino goza de reputación divina (piénsese en su relación con Dioniso-Baco en la religión grecorromana o la eucaristía en el culto cristiano), mientras la cerveza pasa por ser la más profana de las bebidas. Sin embargo, el producto de la cebada fermentada fue, originalmente, tan sacro como el de la vid. En Egipto (uno de los lugares del mundo donde el uso de la cerveza está documentado con mayor antigüedad) Osiris no sólo era dios de la vegetación en general y la cebada en particular, sino que incluso era considerado el inventor de la cerveza. La propia palabra cerveza (sobre la que después volveremos) proviene de la raíz indoeuropea cer- (germinación/crecimiento) y podemos hallarla consagrada en el nombre de diosas agrícolas como la romana Ceres o la celta Cerridwen. El propio Dioniso fue dios de la cebada y la cerveza antes que de la vid y el vino, tal y como atestiguan algunos de sus atributos sagrados más antiguos (el aventador de cereales sin ir más lejos) e incluso el mismísimo Yahvé, antes de ser el Dios único y trascendente, comenzó siendo una deidad semítica de la cebada, prueba de ello es que la Pascua fue en origen la fiesta sagrada de la recolección y ofrenda de las primicias de este cereal.
Es una lástima que los antepasados indoeuropeos de griegos y romanos, al llegar a las cálidas latitudes del Mediterráneo, abandonaran la fabricación y consumo del producto de la cebada en favor del de la vid, ya que a partir de entonces el vino fue sinónimo de bebida civilizada, mientras el consumo de cerveza quedó asociado a pueblos bárbaros. Quizás ambas cosas tengan algo que ver en el hecho de que haya una sofisticada cultura del vino o enología y no exista una “birrología” equivalente.

Elaboración y tipos
El lúpulo, uno de los principales
aditivos de la cerveza
El sistema de elaboración del mosto es similar al del whisky: la cebada se maltea, seca y muele para después diluirla en agua en ebullición. Una hora antes de finalizar este proceso se añade el lúpulo, que da su característico aroma y amargor a nuestra bebida. El uso de este ingrediente se lo debemos a los benditos monjes medievales, ya que esta flor amarilla siempre ha crecido con facilidad en las tapias de los monasterios. Tras filtrar el líquido de todas sus impurezas se añade la levadura, que será la responsable de la fermentación. Finalmente la cerveza es pasteurizada y embotellada para su consumo. Aunque existe una gran variedad de cervezas la clasificación más básica las divide en dos grupos según el tipo de fermentación. La técnica más antigua y rudimentaria es la cerveza de fermentación espontánea llamada Ale (que suele ser fuerte y algo oscura), en la que al mosto de la cebada se le añade la espuma fermentada de una cerveza anterior y después de un par de días a temperatura ambiente estará lista para ser consumida. La cerveza Lager (del alemán “almacén”) es más rubia y ligera, por eso necesita unas cuatro semanas para fermentar y algo más de frío. Durante ese tiempo se almacena (de ahí su nombre) en cubas. Este método fue inventado en la Edad media por los monjes belgas, aunque ellos usaban las bodegas de los monasterios e incluso cuevas.

LA CERVEZA EN EL MUNDO
Para confeccionar esta selección se han tenido en cuenta las marcas más fáciles de encontrar en el mercado español.

La República Checa, cuna de la Pilsener
Aunque se trate de un pequeño país en el corazón de Europa central, la República Checa es importante en el mundo de la cerveza por dos poderosas razones. En primer lugar es el primer país consumidor del mundo en relación litros/habitante. En segundo lugar son los creadores del tipo Pilsener, una de las variedades más populares dentro de las lager. La más conocida es, sin duda, la Pilsner Urquell. La Budejovicky Budvar no es otra cosa que la célebre Budweiser europea que fue exportada a Estados Unidos. Los checos también saben hacer buenas ale y prueba de ello es la Krusovice.

La cerveza alemana
La Oktoberfest (Múnich) es la fiesta de la cerveza más popular del mundo
Si pedimos a cualquier persona que identifique la cerveza con algún país del mundo, la mayoría de la gente pensará en Alemania y ciertamente los germanos son unos de los mayores fabricantes y consumidores del mundo. Beck’s y Bitburger son las más populares entre las tipo pilsenerFranziskaner, Paulaner y Schneider poseen distintas variedades de cerveza elaborada con trigo. Spaten es una lager muy refrescante y para quien se incline por una negra, Köstritzer es una opción muy recomendable.

La cerveza en el Reino Unido
Los británicos tienen una inmerecida fama de malos productores y consumidores de cerveza (piénsese en el mito de la cerveza caliente y demás), ya que poseen una variada y excelente lista de cervezas. En Inglaterra podemos destacar la muy refrescante y afrutada Bass; las imaginativas variedades ambarinas de Marston’s o la oscura Newcastle Brown Ale, mientras que de Escocia podemos nombrar la Tennent’s.

La cerveza irlandesa
Irlanda debe a la cerveza gran parte de su Producto Nacional Bruto y más concretamente a la patente y exportación de la famosa Guinness, una honesta cerveza negra de sabor rústico y proletario. Murphy’s es la cerveza rojiza más conocida, pero también está la Kilkenny. Para los que las prefieren rubias recomendamos la Harp.

¿Qué habría sido de Irlanda sin la Guinness?
La cerveza en España
La cerveza en nuestro país  tiene una historia sinuosa y llena de incógnitas. Hasta la presente las evidencias arqueológicas con restos de cerveza más antiguos encontrados en suelo europeo corresponden al valle de Ambrona (Soria) con una fecha en torno al 2400 a.C. Sin embargo el fácil arraigo del cultivo de la vid en los suelos de la Península (paralelo a la conquista romana) fue tal, que relegó la cerveza al olvido. Desde esa época hasta finales del medieoevo no hay una sola referencia literaria a la cerveza. Incluso Sebastián de Covarrubias, en una fecha tan tardía como 1611, la define como algo totalmente ajeno a nuestro consumo y cultura, o al menos eso podemos deducir de su definición en "Tesoro de la lengua española":
Es una cierta bebida que se usa en las partes donde ay poca cosecha de vino (…) como se usa en Alemania, y en todas aquellas partes Setentrionales. Hazese ordinariamente de cevada; y en muchas partes de trigo (…) y tanto de uno como de otro mezclan con ello algunas otras cosas, y en particular la flor del lupulo.
Pero si, como todo parece indicar, los españoles tomaron la palabra del francés ¿porqué no adoptaron bière en lugar de cervoise que llevaba desde el siglo XV en desuso? Y si en cambio la palabra cerveza llegó a España en la Edad media ¿Por qué no hay ninguna referencia escrita antes del siglo XVI?
Los españoles hemos desarrollado
una "cultura de la cerveza" propia
Consideraciones etimológicas aparte España ha desarrollado su pequeña cultura de la cerveza basada, principalmente, en la “tapa” y el aperitivo. Mahou y San Miguel pasan por ser las más equilibradas, mientras que aquellos que prefieren el amargor del lúpulo se inclinan por Cruzcampo. Dentro de las categorías especiales cabe destacar la poderosa Alambra 1925 y Mezquita, una ale de estilo belga que no defraudará a los paladares más selectos.

La cerveza belga
Si existe un país donde existe esa cultura de le cerveza que reclamábamos al inicio es, sin duda, Bélgica.  Los belgas miman la cerveza y a sus bebedores. Poseen, probablemente, la mayor variedad del mundo, tienen cartas de cerveza, saben elegirla según el horario o acompañamiento e incluso usan un recipiente adecuado para cada una. Entre las ale de abadía destacan Grimbergen y Leffe, que poseen distintas variedades. La sorprendente Hoegaarden es una cerveza blanca de trigo que, en vez de lúpulo, usa cáscara de curasao como aditivo. La potente Kwak se bebe en un curioso vaso creado para los carruajes de época napoleónica y bajo los elefantes rosa de la Delirium Tremens se esconde una fuerte y excepcional bebida con regusto a cítricos. Los bebedores de rubias lager pueden inclinarse por la Stella Artois.

Las cervezas belgas son un tesoro de gusto y variedad
Creo, sinceramente, que esta lista no está nada mal para empezar. Desde el asunto Daffari ya sólo queda recomendarles que las disfruten con responsabilidad y en compañía.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Teseo en el laberinto

La taurocatapsia (salto del toro). Palacio de Cnosos (Creta) 1600-1480 a.C.
España es un lugar muy dado a alinearse en extremos opuestos e irreconciliables: moros y cristianos; liberales y absolutistas; fachas y rojos; Madrid-Barça; o Joselito y Belmonte. Precisamente este último ejemplo viene a colación con una de las últimas cruzadas que divide a este país en "buenos" o "malos", ignorando la gran cantidad de matices y opiniones existentes entre el blanco y el negro. Nos referimos al debate en torno a la conocida como fiesta de los toros.
La tauromaquia (o taurocatapsia) aparece por primera vez documentada por la cultura minoica de la isla de Creta (primera civilización europea) en el II milenio antes de nuestra era y parece estar relacionada con el culto solar. La vaca (probablemente porque su cornamenta recuerda a la luna en cuarto y su piel moteada a la superficie lunar) es un animal consagrado a la luna en todas las religiones antiguas del Mediterráneo, por lo tanto no es de extrañar que su astro compañero de la mañana fuera identificado con el toro. Se sabe que el emperador Claudio (ya en el siglo I d.C.) instituyó en Hispania la tauromaquia dentro de los espectáculos de fieras, lo que no sabemos es si ésa fue su introducción o si se basó, como más bien parece, en tradiciones autóctonas, tal y como atestiguan los numerosos ejemplos de culto al toro en los pueblos prerromanos de la Península Ibérica.
Los abolicionistas obvian cualquier valor histórico, cultural o antropológico en la fiesta de los toros o lo supeditan, legítimamente, al sufrimiento de un animal. En este sentido es ciertamente demagógica la postura de ciertos aficionados taurinos que niegan ese sufrimiento aduciendo como prueba el hecho de que el toro, en vez de huir, acuda una y otra vez al lugar del castigo. El toro bravo es el resultado de un proceso de selección humana (de como mínimo cinco siglos) en el que se ha buscado precisamente eso: un animal que embista, ataque y se defienda hasta su último aliento. Pero la “demonización” extrema de la fiesta de los toros basándose en argumentos conservacionistas o ecológicos guarda enormes contradicciones: En primer lugar, no resuelve qué ocurriría con la supervivencia de una especie creada únicamente para una actividad cuya abolición se propone. En segundo lugar, la cría del toro bravo se desarrolla en un marco tan singular como la dehesa y gracias a ello ayuda a sostener y proteger un ecosistema tan diverso y amenazado como el bosque mediterráneo. Es, en ese y otros sentidos, un modelo ejemplar de ganadería ecológica.
Junto a los envites externos al mundo taurino, más valdría a sus defensores protegerse de los enemigos internos que empañan su imagen. La tauromaquia aspira a ser una lucha de igual a igual en la que el humano sólo cuenta con su habilidad manejando un pedazo de tela para defenderse de la bestia, mientras que algunos ganaderos, empresarios y (por qué no decirlo) toreros, ávidos de hacer caja con la complicidad voluntaria o involuntaria de un público (salvo en contadas plazas) poco exigente y en exceso festivo, convierten esas corridas de toros descastados y de escaso trapío en un auténtico paripé. Por otro lado a través de la legalidad de la fiesta de los toros se cuelan prácticas aberrantes que todo buen aficionado taurino debería rechazar. Valgan como vergonzantes ejemplos el acoso a los animales desde vehículos motorizados; persecuciones en masa cuya única finalidad es el maltrato y muerte de un animal indefenso… todo ello desvirtuando esa lucha singular e individual que debe ser la tauromaquia.
Hay un aspecto que rara vez se debate y es, por su subjetividad, uno de los más difíciles de salvar: me refiero a la estética. El aficionado a los toros debe admitir que una corrida puede ser un espectáculo violento y desagradable para muchas sensibilidades. De igual forma, los detractores deberían reconocer que muchas personas perciben (percibimos) pinceladas de arte, en ese bizarro artificio de enfrentarse desarmado a un animal admirable mientras se dibujan efímeras e invisibles composiciones en el aire.
Volviendo a la idea inicial, me temo que ningún bando atienda o reconozca algún argumento del otro que podrían llevar a (¡horror!) encontrar posturas comunes. Mientras tanto cualquier propuesta de debate sólo será un enmarañado hilo de Ariadna inútil para encontrar la salida al laberinto.

sábado, 22 de mayo de 2010

Francisco Ibáñez, creador de lenguaje gráfico

Siempre me ha encantado la palabra tebeo. Es corta, sonora, pertenece a nuestra cultura y posee una suerte de fuerza pictográfica igual a aquello que describe. A partir de los ochenta, por influencia de la cultura americana, comenzó a imponerse, no sin cierto esnobismo, la palabra cómic. A tebeo comenzó a achacársele un halo peyorativo. Los cosmopolitas sofisticados leían cómics y los tebeos eran cosas de provincianos infantiles. Ignorando, por supuesto, que la palabra cómic no es más que una forma hipocorística del inglés comical (que precisamente representa eso mismo que querían denostar en tebeo).
En los últimos años se ha dado una vuelta de tuerca más. El cómic es demasiado adolescente para todos aquellos con pretensiones artísticas. Está cargado en exceso de superhéroes en mallas y su única aspiración es ser adaptado al cine. Ahora las personas serias hacen y leen "novelas gráficas". De tebeos, ni hablamos.
Yo pertenezco a una generación que prácticamente aprendió a leer con los tebeos. Zipi y Zape, (de Escobar), Anacleto (de Vázquez) o sir Tim O' Theo (de Raf), eran tan familiares y cotidianos para los niños de nuestra época como ahora puedan serlo los participantes de cualquier infame "reality show". Pero por encima de todos estaban Mortadelo y Filemón, de Ibáñez.
Francisco Ibáñez (creador no sólo de los agentes dela T.I.A. sino también de Pepe Gotera y Otilio, 13 rue del Percebe, Rompetechos, Tete Cohete y un largo etcétera), fue el primer autor al que yo admiré antes de siquiera saber que Bach, Robert Graves o Billy Wilder existían. Bajo su todopoderosa influencia mi hermano, mi vecino Joaqui y yo realizábamos una "revista" con nuestros propios personajes e historietas llamada Camorra. Venerábamos tanto a Ibáñez y lo veíamos tan genial, que nuestra lógica infantil no entendía por qué ningún medio de comunicación le diera importancia ni cobertura a su labor creativa. Ahora lo entiendo aún menos.
Ibáñez, en uno de sus clásicos rasgos de ironía hipercorrosiva, fomentaba esa idea en nuestro imaginario al caricaturizarse en sus propias viñetas como una caprichosa prima donna enriquecida gracias al éxito de sus creaciones. Años después supimos que, como todos los dibujantes de la editorial Bruguera, trabajaba en condiciones casi serviles y ni siquiera era propietario de los derechos intelectuales de sus creaciones. Y a pesar de su citado currículum creativo y de vivir en un país donde cualquier pelagatos cuyo trabajo se pueda relacionar vagamente con la música, el cine o la literatura no duda en calificarse de "artista", jamás se dio bombo ni hizo ningún brindis cara a la galería en ninguna de sus historietas. Es más, haciendo gala de su modestia y su sentido del humor, era el primero en parodiar su condición creativa con modesto humor (como en estas viñetas de "Soborno").

Pero en este arículo no sólo quiero reivindicar a Francisco Ibáñez como autor, sino también como creador. De la palabra en cuestión dice literalmente el diccionario de la RAE: que crea, establece o funda algo. (Poeta, artista, ingeniero creador). También incluimos en esta definición a quienes innovan o explotan por primera vez recursos narrativos propios de su parcela artística.
El tebeo está a medio camino entre la pintura y la literatura. Pero, a diferencia de la propia literatura, pintura o cualquier otra manifestación creativa, casi nadie le otorga la categoría de arte. Un caso similar durante muchos años (aunque no tan marginado) ha sido el cine. El cine es arte pero "con la boca pequeña". Muchos de los que afirman reconocerle la categoría de arte serían los primeros en rasgarse las vestiduras si ponemos a Ford, Bergman o Truffaut a una altura similar a la de Saul Bellow, Sartre o Arthur Miller (por citar algunos ejemplos contemporáneos). De tebeos, por supuesto, ni hablamos.
El rasgo que más identifica al tebeo y condiciona su lenguaje es el uso de viñetas. Cada escena se enmarca en uno de esos cuadraditos que vienen a ser el equivalente al plano en el cine. Ibáñez dio un paso más como creador al darle utilidad narrativa al espacio entre viñetas:
Ibáñez jamás nos dice como Mortadelo cambia de disfraz (¿es un poder de mutación que posee Mortadelo? ¿o se trata de un caso de supervelocidad para cambiarse de ropa?) porque ese proceso lo realiza el personaje durante el cambio de viñeta, dejándolo así a la interpretación del lector.
Incluso el propio Fesser optó inteligentemente (en su por otra parte vulgar, soez y escatológica adaptación cinematográfica) por no mostrar jamás ante la cámara como Mortadelo cambia de disfraz para no traicionar la ambigüedad que permite el lenguaje narrativo propio del tebeo. La genialidad es a veces tan sencilla como la modesta línea que separa una viñeta de su vecina. Así es Ibáñez, modesto y genial.
El artista, y por extensión el arte que representa, no se toma muchas veces en serio hasta recibir un reconocimento público oficial en forma de respetable galardón. Muchos pensamos que, por ejemplo, el fallecido Hugo Pratt, merece figurar en el ámbito del tebeo a la altura que sus admirados Jack London o Saint Exupery en la literatura, pero ya nunca nadie podrá premiarle.
Desde aquí reivindico a Francisco Ibáñez como un merecido candidato al premio Príncipe de Asturias de las artes. ¿Por qué no? Ya se lo dieron a Woody Allen y también supuso un reconocimiento al cine. A no ser que consideremos que hacer feliz a varias generaciones de lectores tenga menos méritos que los realizados por Obama para conseguir el Nobel.
Hace pocos años me encontré frente a frente con Ibáñez en una firma de tebeos. Un momento que había soñado desde niño. Como tal me acerqué a él de forma tímida y temblorosa para balbucearle su influencia en aquella temprana vocación y le hablé de "Camorra". ¡Entonces somos colegas! exclamó, y con esas mismas palabras me dedicó un dibujo. Lo guardo como oro en paño, maestro.

martes, 9 de febrero de 2010

Ese mágico elixir ámbar

… Y en el fondo de un tranquilo estanque dorado
Se ahogan los besos que nunca me dio

Hablamos, naturalmente, de whisky. En gaélico uisge beatha significa literalmente “agua de vida”, que adaptado a la fonética anglosajona derivó en whisky. Los irlandeses escriben whiskey, pero esa “e” de diferencia no denota ninguna patente o denominación de origen, simplemente una trascripción gráfica alternativa. De hecho los estadounidenses también escriben whiskey (quizás por la gran afluencia de inmigrantes irlandeses), mientras que en el Canadá (más apegado histórica y culturalmente al Reino Unido), utilizan whisky como sus primos británicos. En 1909 la Comisión Real Inglesa dictó que todos podían escribir whisky, fuera cual fuera el país de origen del licor, pero los irlandeses y los americanos han preferido mantener su grafía.

El whisky de malta (single malt) o "whisky whisky"
Alambiques en una destilería
Tres ingredientes son esenciales en la confección del whisky de malta según los escoceses: agua, fuego y tiempo. El malta de la cebada, materia prima básica, es recogido aún verde y secado con el humo de ese combustible de origen orgánico llamado turba (que en el campo escocés se encuentra, literalmente, a patadas). La turba es lo que da al whisky su característico sabor ahumado. Ese malta ahumado es triturado y mezclado con agua hasta conseguir un mosto que fermentará y posteriormente será destilado en un alambique. El licor resultante es prácticamente incoloro, pero para ello envejecerá en barriles que hayan contenido previamente Jerez o Bourbon durante un tiempo standard de 12 años. Durante ese envejecimiento la madera y el poso de los anteriores licores prestarán al whisky su color y todas sus esencias de aroma, sabor, etc. Glenfiddich es el whisky de malta más equilibrado y aquel con en el que la mayoría de aficionados nos hemos iniciado. Macallan es de un sabor más “elegante”, menos ahumado, Cardhu es probablemente el más popular y Aberlour algo más ligero pero sin perder carácter.
Mención aparte merecen los intensos whiskies de las islas (llamados en Escocia “whiskies de hombre”), donde además de una mayor presencia del ahumado, el yodo marino parece haber impregnado los manantiales de agua con su sabor y aroma. El Talisker es algo más suave, mientras que el Bowmore tiene un regusto a cítricos.

El blended whisky o whisky de mezcla
El blender, auténtico "alquimista" de la destilería
Cuando el 95 por ciento de la gente piensa en whisky, está pensando en whisky de mezcla. En 1831 un irlandés afincado en Escocia llamado Alneas Coffey, patentó un alambique industrial capaz de destilar cualquier grano (incluido maíz, cebada, etc.) sin necesidad de ahumarlo. El licor resultante era mucho más rentable porque, además, necesita poco tiempo de maduración (bastan tres años). Para compensar la falta de sabor, aroma y color (el producto es prácticamente incoloro), se mezcla con whisky de malta (la proporción puede ir entre el 10 y el 50 por ciento de whisky de malta) y puesto a reposar seis meses antes de su embotellamiento. Como no pasa en barrriles el tiempo suficiente para que la madera le preste su color ámbar, se colorea con… ¡concentrado de caramelo! (increíble pero cierto). En este sentido J&B y Cutty Sark son las marcas más “honradas”, ya que comercializan su producto tal cual sale de los barriles. Hay que señalar que Johny Walker es la más vendida del mundo.
Los Blended de Luxe son aquellos que usan un 50 por ciento de whisky de malta en su mezcla. Lo que resulta incomprensible es que algunos de ellos valgan más caros que los whiskies hechos exclusivamente de malta y uno se pregunta si lo que interviene en el precio es la popularidad, publicidad u otros factores mercantilistas. El más conocido con diferencia es el Chivas Regal.
Los amantes del whisky de malta no debemos desdeñar al whisky de mezcla ni a sus bebedores, ya que en el pasado la producción del whisky de malta resultaba deficitaria a causa de su largo proceso de maduración y, si sobrevivió, fue gracias a la compensación que suponían para las destilerías las cuantiosas ventas de whisky de mezcla.

El whiskey irlandés
Según los irlandeses se necesitan siete días y siete años para realizar un buen whiskey. Siete días para destilarlo y siete años para envejecerlo. El whiskey irlandés no es turbeado y por eso no posee el sabor ahumado característico del escocés. Otra de sus peculiaridades es que es destilado tres veces y todo ello contribuye a ese sabor meloso que lo define. Al igual que el de malta envejece en barriles de Jerez o Bourbon para adquirir color, aroma y sabor. Bushmills tiene la patente más antigua del mundo (¡1608!), Jameson es probablemente el más popular y Tullamore Dew es, a mi juicio, el más suave, meloso y equilibrado de los tres.

El whiskey americano
Su principal característica es el uso de maíz junto con la cebada en la confección del licor. Una vez destilado permanecerá dos años en barriles nuevos (a diferencia del whisky escocés y del irlandés) cuyo interior es previamente carbonizado. Four Roses era el whiskey americano más conocido fuera de los EE.UU. hasta que los Guns ‘n’ Roses popularizaron el Jack Daniel’s (también es verdad que es el de mayor calidad).

Algunas consideraciones sobre el modo de beberlo
El buen whisky/whiskey está concebido para beberlo solo o, como mucho, rebajado con agua mineral. El uso del hielo es tajantemente desaconsejable porque solo mata aromas y sabores que no aparecen por debajo de determinadas temperaturas. Quienes le añaden hielo o lo mezclan con refrescos no buscan su sabor, sino el efecto del alcohol. Es probable que si lo probaran solo hasta les resultara desagradable. El buen bebedor disfruta del mágico elixir ámbar como si se tratara (esto resultará políticamente incorrectísimo) de una mujer: con los cinco sentidos. El tacto para comenzar a acariciar esas mágicas botellas y sus etiquetas; concentra tu oído escuchándolo derramarse en el vaso; deleita la vista con su color ámbar mientras lo remueves y el olfato llevándolo a la nariz (hay gran cantidad de aromas que luego escaparán al gusto) y, finalmente, saboréalo dejándolo deslizarse lentamente de los labios a la lengua y de ahí a la garganta. No olvidemos, para finalizar, aquel viejo y sabio proverbio escocés que reza: cuando bebo un whisky me siento otro hombre, y ese otro hombre necesita otro whisky.

 

viernes, 5 de febrero de 2010

El hermano rudo y romántico

Llega el torneo de las 6 naciones y a partir de este fin de semana disfrutaré en cualquier pub irlandés (pinta de Guinness en mano incluida), de ese hermano rudo y romántico del fútbol llamado rugby.
Ambos hermanos eran prácticamente idénticos hasta que a mediados del siglo XIX comenzaron a distinguirse. Uno de ellos optó por complicarse y dar protagonismo al juego con el pie, pero gracias a este artificio se hizo más técnico, más estético, más coqueto y (por qué no decirlo) más artístico. Todas estas razones lo hicieron también más popular, hasta el punto de que ha logrado conquistar a la práctica totalidad del planeta.
El otro hermano salió más parecido a sus padres y decidió conservar la pureza, la virilidad y el contacto físico, pero también esa esencia de combate honorable (eso que llamamos deportividad) que por desgracia muchos deportes, incluido su hermano, han ido perdiendo.
En el rugby no existe el todo vale. Aquí no hay faltas fingidas, provocaciones al contrario para conseguir su expulsión o constantes protestas al árbitro para echarle el público encima. Lejos de eso, aquí veremos jugadores que no se retuercen por el suelo tras ser frenados en seco por moles con bastante más de cien kilos, o tipos que se retiran del campo sin gimotear con la cabeza abierta para volver a entrar vendados un par de minutos después. Con respecto a los árbitros, baste con decir que es la persona más respetada sobre el campo. Como los jugadores no cuestionan sus decisiones, el público tampoco.
Pero el lado más romántico del rugby surge cuando hablamos de dinero. A diferencia de su multimillonario hermano, en el 6 naciones el sueldo de los jugadores es prácticamente simbólico. Los seleccionados ya se sienten suficientemente recompensados con el hecho de poder defender a su país en una de las competiciones más antiguas del mundo.
La competición comenzó con un enfrentamiento entre Escocia (hoy día limitada por una tosca línea de ataque) e Inglaterra. Los ingleses son llamados año tras año a ser uno de los eternos favoritos, aunque en los últimos torneos se ha visto perjudicada por las lesiones de su capitán John Wilkinson, el mejor jugador del mundo. Después entraron Gales (mi equipo preferido) e Irlanda. Los galeses son un equipo admirable dentro del deporte profesional: una selección de espíritu amateur donde compiten algunos carniceros, mineros, etc. que juegan al rugby en sus ratos libres. Si el caso de Gales es admirable, lo que el rugby consiguió en Irlanda puede calificarse de milagroso: el rugby es responsable de ser el único deporte en el que toda la isla aparece representada y unificada, donde juegan juntos jugadores de Ulster y Eire, católicos y protestantes y donde la afición escucha con respeto el himno de la comunidad contraria. Aunque finalmente vencieron el torneo en 2009, los irlandeses han sido el equipo más completo e irregular de los últimos años. Tan capaces de vencer a domicilio a los ingleses en su feudo de Twickenham el mismísimo día de San Patricio, como de perder el campeonato contra Italia en la última jornada. Esa irregularidad aparece perfectamente encarnada en su mejor jugador, el gran Ronan O’ Gara. El medio irlandés acierta a meter entre palos patadas de más de 50 metros y falla tiros a escasa distancia de portería. En cualquier caso, un jugador genial.
La entrada de Francia aportó un elegante juego a la mano (el llamado rugby champagne) y en los últimos años parecen haber gozado de cierta “simpatía” arbitral en decisiones puntuales (ningún deporte, ni siquiera el rugby, está exento de polémica).
Yo era uno de los que se rasgó las vestiduras cuando el 5 naciones aceptó a Italia, pero hay que reconocer que este equipo plagado de nacionalizados de origen argentino (una de las grandes selecciones del hemisferio sur), se ha ido superando año tras año gracias a su generoso derroche de combatividad. A mi acabaron conquistándome tras una gloriosa derrota en Twickenham en la que llegaron a poner a Inglaterra contra las cuerdas y los locales, a pesar de la victoria, se retiraron del campo cabizbajos al final del partido (¡estas cosas sólo ocurren en el rugby!) . Es también de justicia reconocerles que han conseguido ser más competitivos que los mismísimos escoceses.
Todos estos elementos hacen que el espíritu del rugby sea como el de algunos de esos personajes de Stevenson, Conrad o Hugo Pratt. Uno de esos tipos indómitos y curtidos en mil aventuras, tan capaces de arriesgar la vida vendiéndola al mejor postor, como de lanzar el dinero a la cara de su cliente si la misión cumplida no les ha parecido honorable.

Irlanda, campeona del "Torneo de las 6 naciones" en 2009.