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sábado, 9 de noviembre de 2019

La otra Málaga (2). El entorno de San Juan, Carretería y los Mártires

Otro acceso alternativo hasta el centro es a través de Santo Domingo. Pero antes, aunque sea de forma fugaz,  merece la pena saludar a la Dolorosa que custodia el puente y a María, que lleva media vida haciéndole compañía a cualquier hora rompiendo de forma apenas perceptible la soledad de la capilla callejera. El Puente de Santo Domingo es llamado por los malagueños “De los Alemanes”, ya que fue construido en 1910 por el gobierno del káiser para agradecer el rescate de supervivientes de la fragata Gneisenau. Al servicio de su construcción se pusieron la misma técnica y materiales utilizados en la entonces reciente Torre Eiffel. Prueba de ello, es que es el más antiguo de la ciudad y, probablemente, el más sólido. Desde la orilla del Perchel hay una edificación dueña y señora indiscutible de ese perfil de la ciudad a la espera de que la especulación urbanística haga un nuevo estrago. Nos referimos a la torre de San Juan hacia la que ya dirigimos nuestros pasos.

Puente de Santo Domingo o "De los Alemanes"
A algunos espacios el destino les depara paradójicas sorpresas. Actualmente la amplia y destartalada plaza de Camas es un lugar de ambiente familiar donde no falta ni el parque infantil. Una zona que, hasta hace pocas décadas, era un evitable dédalo de callejuelas de mala reputación. Nuestro único interés por la zona será el acceso hasta calle San Juan. A los pies de la torre de su iglesia, la familia Hinojosa regenta su zapatería desde hace un siglo. Es uno de esos últimos comercios donde, con conocimiento de la profesión y de la mercancía, aún se atiende al público de esa forma tradicional no exenta de gracejo en la que el vendedor conoce mejor lo que el cliente necesita aunque sea la primera vez que aparece en el umbral de la puerta. También es el sitio ideal para adquirir unas alpargatas tradicionales y, en Cuaresma, “zapatos para el nazareno y el hombre de trono”. Precisamente la vecina y angosta calle Santos mantiene durante todo el año el aroma a incienso cofrade que le confiere su cerería. En la esquina que huye de la calle, se encuentra la cafetería Framil, parada obligada para quien  prefiera los churros al tejeringo tradicional, ya que aquí puede disfrutar de su exquisito sabor, lejos de lugares más afamados y atestados de turistas.

Desde allí podemos continuar hacia Carretería. Ahora debemos disfrutar de su recorrido mientras podamos pues, paradójicamente, la calle que debe su nombre a ser el único lugar por el que cabían los carruajes frente a los callejones y adarves del interior de la ciudad, pronto será la siguiente presa de la peatonalización con el fin último de ser invadida por terrazas y sillas. En el portal número 15 aún puede contemplarse la línea hasta donde llegó el agua en aquella trágica riá de 1907 que incluso destruyó todos los puentes de la ciudad y en la que la Alemania imperial encontró un motivo para devolver la hospitalidad por su naufragio. Unos metros más adelante en la acera opuesta, Julia Bakery ofrece la que, probablemente, sea una de las mejores tartas de queso del país. Quien lo crea exagerado no tiene más que pedir una porción. 

Estado de calle Carretería tras la riá de 1907
En la siguiente esquina está la que es probablemente mi calle preferida de la ciudad: Andrés Pérez. A pesar del incesante baile de aperturas, cierres y traspasos de locales, a pesar de las de las épocas de amenaza de destrucción patrimonial, el tiempo parece haberse detenido en este lugar. Allí donde el convento que los malagueños llaman “Las Catalinas” estrangula la calle, el perro de Santo Domingo toscamente tallado sostiene la antorcha entre sus fauces desafiando inerte el paso de los siglos. Sobre el dintel de piedra del número 20 se exhibe un escudo de armas de otro tiempo con el mismo orgullo con el que lo haría cuando fue erigido. La estrechez del espacio nos puede distraer de los balcones rejados y los portales que dejan entrever antiguos patios señoriales. Incluso el local abierto por Casa Mira ha entendido y respetado la atmósfera del lugar con un mobiliario de botica decimonónica enredada por coquetos reservados en los que podemos paladear su afamado turrón tanto en un “blanco y negro” como en un bombón helado.

Calle Andrés Pérez
Al dejar la heladería, el último reducto del trazado musulmán nos va a invitar a perdernos en un recorrido circular en el espacio y el tiempo. Podemos callejear por los vericuetos de Pozos Dulces para salir a la plaza de San Juan de Dios, que custodiada por el Cristo de los Faroles se resiste a perder su aire recoleto. Desde allí, atravesaremos San Telmo y su inesperado e inquietante zigzagueo final para desembocar en la esquina de Santa Lucía en la que, para cerrar nuestro círculo, el Signor D’Affari deleitó a la Málaga del siglo XIX con sus helados. Estamos en la parroquia de los Mártires, la iglesia más grande del centro con excepción de la Catedral y la que alberga suficientes cofradías como para hacer una síntesis histórica de la Semana Santa de Málaga.

(Continuará)

sábado, 1 de febrero de 2014

La guapa

Encarna Daffari posa junto a su padre, Antonio, en una foto de 1945

Se ha ido la que, según casi todos aquellos que la conocieron, fue la guapa de la familia.
Noventa y siete años mal contados. Mal contados porque, como todas las guapas, era coqueta como la que más. Y la guapa lo fue mucho. Tanto, que no le dolieron prendas tener que trabajar más años de los que le correspondían hasta la jubilación por haber falsificado su partida de nacimiento para quitarse edad. Así era la guapa.
La guapa parecía tener reservado un destino que le fue esquivo una y otra vez. Para empezar, tal vez tendría que haber sido el varón que mi bisabuelo siempre anheló pero nunca tuvo. El hijo que debería haberle acompañado en los varales y recogido su martillo de capataz el día en que lo colgara definitivamente. Así que, aunque guapa y mujer, vino al mundo con más cojones que el caballo de Espartero. Nunca hubo hombre, dentro o fuera de la familia, que lograra doblegar a la guapa. Ni siquiera su padre sabía bregar como ella con los duros obreros del muelle y curtidos braceros del campo que venían a negociar a la casa su jornal de hombres de trono. Por allí pasó sumiso incluso el bueno de mi suegro cuando aún no era siquiera el padre de mi mujer. Si, ya sé, un galimatías, como la vida de la guapa.
Pero decíamos que la guapa nació mujer, y como mujer bien pudo haber sido mi abuela. Ocurrió que, por avatares de la vida, su propia hermana se cruzó en el camino y acabó cumpliendo el que parecía ser su destino. Eso explicaría por qué, a pesar de los innumerables partidos que después pretendieron a la guapa, ninguno llegó jamás a formalizarse. Y así, en lugar de en mi abuela, la guapa acabó convirtiéndose en la tía Encarna, una de esas solteronas que tanto abundaron en las familias de la posguerra y a las que, como Dios no daba hijos, el demonio cargaba de sobrinos. Hasta ocho, de los cuales, por esas manías antisociales que acaban cultivando algunas personas sin cargas familiares, adoró públicamente a dos e ignoró con público desdén al resto. La guapa y sus cosas.
Tal vez todo ello condicionó que el resto de su vida estuviera plagada de paradojas y contradicciones. Como si al esquivar el destino que tenía deparado, su vida se hubiera extraviado moviéndose sin rumbo a través de callejones que no conducían a ninguna parte. Así, llegó a ser tanto camarada de los milicianos como fervorosa católica; sindicalista combativa y tradicionalista convencida; actriz de teatro y taquillera de cine.
Siempre contó o escuchó henchida de orgullo en las reuniones familiares que en su época fue la mujer más requebrada por las calles de Málaga con aquellos piropos antiguos y donairosos que tanto se estilaban y que se perdieron junto a esos tiempos. Y aun así, la guapa murió sola y a su funeral no acudió casi nadie. La despidieron los hijos que nunca tuvo, alguien que pudo ser su nieto y un vecino que fue mucho más que un miembro de la familia sin necesidad de compartir una sola gota de sangre. Paradójica hasta el final. Así fue la vida de la guapa.

Hermosa y contradictoria, suene la música del Adagio de la 7ª Sinfonía de Bruckner en homenaje a la guapa. Quiera alguien dedicar estos veinticinco minutos a tu memoria.


sábado, 28 de abril de 2012

El "pagao"

Enrique Vega es uno de los últimos supervivientes de una antigua estirpe: la de los hombres de trono asalariados, la de los pagaos. Los Vega pueden, además, enorgullecerse de pertenecer a una larga saga: Enrique es nieto, hijo y padre de pagaos.
La historia de estos hombres arrancó hace un siglo, cuando el tamaño de los tronos aumentó hasta el punto de que los elitistas hermanos de las cofradías (miembros de la burguesía malagueña), no tenían interés ni condición física para mover esas moles. Así tuvieron que recurrir, a su pesar, a los cargadores de los muelles, a los obreros de las fábricas y a los braceros del entorno rural.
Enrique se conserva en una forma excelente pero, como todos los hombres trabajados, aparenta algo más de la edad que tiene. Con una voz que suena a años de tabaco, cuenta historias que huelen a madera y a hierros viejos. Su historia cuenta como algunos de los tronos que aún se procesionan, se llevaban sobre vigas de ferrocarril, tenían dos varales menos y albergaban baterías para las luces (a algún trono ni siquiera le faltaba un compresor). Las fotografías también demuestran que se llevaban con unos cien hombres menos. A su audiencia, que escucha en silencio, ese esfuerzo sobrehumano le parece teñido de tintes tan épicos como el cantar de mío Cid.
Enrique habla con sus fuertes manos casi tanto como con su voz y, aunque es un conversador excelente, no emplea dos palabras cuando puede describir algo o alguien con sólo una.  Para aquellos hombres, nada épico había en ese trabajo: había miseria. Una miseria que ellos dignificaban con su esfuerzo. Aquellos tronos se sacaban por unos duros, un paquete de tabaco y un bocadillo que iba, desde un simple huevo cocido, hasta mortadela y carne de membrillo. Algunas cofradías, las menos, incluían pastillas de chocolate, chicles y caramelos. Todo el lote (salvo el tabaco) iba a casa con la familia.
Pasaron los años y, aunque España fue saliendo de la miseria, el jornal por llevar aquellas moles apenas subió. Cada vez era más difícil encontrar hombres dispuestos a trabajar en un trono y éstos se llenaban con menos personas. Con un número de hombres con los que hoy día las cofradías ni se plantearían asomarse a la calle, ellos eran capaces de hacer la mitad del recorrido. Hasta que reventaban una de las dos cosas: o los varales, o los hombres. Como en el poema cidiano, la audiencia imagina con melancolía qué clase de vasallos habrían sido aquellos hombres si hubieran tenido un buen señor.
Entonces a los hermanos de las cofradías se les ocurrió llenar los tronos con cofrades que, en vez de cobrar, pagaran por ello. Los tronos se aligeraron, el aluminio sustituyó a la madera y las baterías y compresores se eliminaron. El número de hombres que antes se consideraba suficiente, ahora se veía escaso y los varales se ampliaron hasta albergar cien personas más. Para justificar este cambio, la elitista y bien formada burguesía malagueña cogió la pluma, escribió artículos y libros y convirtieron a los pagaos en los perdedores de esta historia. Les llamaron mercenarios, les llamaron desertores y, como a las huestes del Cid, les condenaron al peor de los destierros: al del olvido.
A través de la voz de Enrique y algunos de sus compañeros supervivientes, sus hijos y los que se consideran sus herederos, quieren traerlos desde su destierro hasta la memoria. Muchos ya murieron y regresan como fantasmas que claman justicia. Otros ya no tienen salud o perdieron sus recuerdos y otros, simplemente, no saben expresarse como Enrique.
Ahora, aquellos anónimos perdedores podrán dar su versión de la historia. Una historia que, a nuestros oídos, resuena como el crujir de la madera y la pesada herrumbre. Una historia de tintes tan épicos como un cantar de gesta medieval.
 

sábado, 20 de noviembre de 2010

Jesús Castellanos reflexiona sobre la historia del hombre de trono

"EL HOMBRE DE TRONO HA SIDO ANÓNIMO E INVISIBLE Y SU HISTORIA HA PASADO DESAPERCIBIDA DURANTE CINCO SIGLOS"

Decenas de asistentes se dieron ayer cita en el salón de la Agrupación de Cofradías con motivo de la conferencia de D. Jesús Castellanos “Hacia una historia del hombre de trono”, primera de las actividades culturales que la Asociación Cultural Hombre de Trono organiza para celebrar su XV aniversario y para las que cuenta con importantes figuras de la cultura malagueña como el profesor Juan Antonio Sánchez López, el historiador Antonio Lara, o el propio Castellanos.
Tengo una gran vinculación con esta Asociación a pesar de no haber ejercido nunca como hombre de trono”, comienza confesando Castellanos al narrar que estuvo presente en la fundación de la Asociación, ha sido partícipe en varias de sus actividades culturales e incluso pregonero oficial en el año 2006.

Jesús Castellanos dio una muestra de amenidad y erudición

CORREONISTAS Y HORQUILLEROS
Muchas señas de identidad que creemos inmutables de nuestra Semana Santa han ido generándose ante nuestra presencia: los adornos florales, el tamaño de los tronos y, por supuesto, el hombre de trono”. Para documentar sus tesis, Castellanos no dudó en bucear en los archivos históricos en busca de numerosos ejemplos ilustrativos, en un alarde de brillante erudición, pero sin sacrificar en ningún momento la amenidad. “El origen del hombre de trono son los hermanos portadores de las andas procesionales en el siglo XVII”. Castellanos puso, entre otros ejemplos, los estatutos de 1643 de la Hermandad del Santo Sudario, que sorteaba entre sus hermanos el derecho a portar las andas de las imágenes. Para hacer hincapié sobre el pequeño tamaño de esas andas nos remitió a la que más hermanos portadores tenía: “En 1655 la Hermandad de la Cena necesitaba veinticuatro hermanos dotados de correón y horquilla para portar a sus titulares”. Curiosamente, tal y como demuestran los estatutos de la Cofradía de Viñeros a finales del siglo XVIII “los hermanos portadores pagaban de su bolsillo el correón, la túnica y el escapulario a modo de cuota de salida”. Castellanos reflexiona sobre el hombre de trono de estos primeros siglos diciendo que “se sentía vinculado a su imagen y era un miembro de la hermandad”.

CUADRILLAS Y CAPATACES: LA PROFESIONALIZACIÓN
En el siglo XIX es difícil encontrar referencias a las personas que llevan el trono en los estatutos de las cofradías “posiblemente porque comienzan a ser llevados por asalariados”, perdiéndose así la vinculación entre el hermano y la forma de llevar su imagen. Es a finales de ese siglo cuando se produce la gran evolución de nuestra Semana Santa: las andas dejan paso a los tronos y el aumento de tamaño trae consigo la necesidad de contratar asalariados. Castellanos reflexiona que la mayoría de los cambios que han impulsado a la Semana Santa han coincido con graves momentos de crisis: “a la gente de Málaga nos gustan las procesiones a pesar del ambiente político y económico de cada época”. El nuevo hombre de trono procede de un entorno no cofrade (el puerto, la construcción el campo, etc.) y por ello trae con él un nuevo vocabulario que hace referencia a su entorno laboral: la cuadrilla de hombres; el capataz que sustituye al mayordomo; y probablemente la propia palabra hombre de trono. “Es curioso que sean asalariados y no hermanos quienes muevan el eje fundamental de una procesión en la calle: la imagen”. “Personas”, continúa Castellanos, “cuya motivación principal no era la devoción, sino la necesidad económica. Independientemente de que después pudiera nacer una vinculación sentimental con la imagen”. Es también digno de reseñar que la primera referencia a nuestro tradicional “paso malagueño” aparece documentada en esta época en una entrevista hecha a un hombre de trono por el Diario Málaga durante la Semana Santa de 1931: “Fíjese cuando el desfile se lleva por calle Larios a paso militar y rítmico”.

DE ASALARIADOS A HERMANOS
Tras la debacle de la década de los treinta y la reconstrucción de nuestra Semana Santa, los años cuarenta se inician con el modelo de hombre de trono asalariado con la salvedad de la orden de Servitas. Sin embargo las nuevas cofradías apuestan por el retorno a la idea de hermanos portadores. Viñeros y Pasión llevan sus tronos con el hábito o túnica de hermano, mientras que la cofradía de Estudiantes presenta la novedad, en el trono del Cristo, de llevar estudiantes (vestidos de traje) como hombres de trono. Aunque ninguna otra cofradía apostó por estos rescates historicistas, éste será, a la postre, el modelo que acabará imponiéndose.
En el año 1948 surge el intento, por iniciativa del obispo Herrera Oria, de hacer del Prendimiento una “cofradía obrera” con el hombre de trono como protagonista. Persona con una fuerte conciencia social, el obispo entiende que el hombre de trono representa a la clase trabajadora que con su esfuerzo sustenta la Semana Santa. Sin embargo el régimen franquista “en una jugada maestra de enroque” según palabras de Castellanos, “acabará integrando la hermandad dentro del modelo nacional-católico de sindicato vertical en versión cofrade”.
El desarrollo del tamaño del trono producido durante esa época, también se explica por la presencia del hombre de trono, “ya que la Agrupación de Cofradías repartía las subvenciones en función del número de hombres de trono que necesitara cada hermandad”.
A partir de los años sesenta la crisis económica hace cada vez más difícil el mantenimiento de hombres de trono asalariados. Son los años tristemente recordados por los tronos abandonados en las calles y en los que incluso se planteó seriamente la posibilidad de introducir ruedas. Una de estas catástrofes (la destrucción del tinglado de El Rico en 1969), provocará la reacción espontánea de la juventud cofrade malagueña que se enrola de forma desinteresada para sacar los tronos, regresando así el hombre de trono hermano del siglo XVIII. La estética elegida será la de Estudiantes y las túnicas son sustituidas por los trajes en casi todas las cofradías. “Una vez más”, resalta Castellanos, “un período de crisis política y económica servirá como punto de inflexión en el desarrollo de nuestra Semana Santa” y añade en una reflexión lapidaria “la idea de salvar lo que nos identifica, es lo que ha salvado siempre a nuestra Semana Santa”.

LA SINGULARIDAD DEL HOMBRE DE TRONO
Terminó Jesús Castellanos su conferencia reivindicando la figura del hombre de trono malagueño, ya que “la mayor seña de identidad de nuestra Semana Santa es que llevamos los tronos al hombro”. Especialmente interesante fue el paralelo bíblico de “al igual que era portada el Arca de la Alianza según las Sagradas Escrituras”. También defendió el vocablo hombre de trono: “una palabra tan nuestra y tan singular, que tiene equivalentes, pero no sinónimos”. Cerró por último su disertación invitando a los hombres de trono a indagar en su historia y su pasado, ya que “aunque el hombre de trono figura ya en los estatutos de las cofradías y su invisibilidad ha desaparecido, durante cinco siglos ha sido anónimo y su historia ha pasado desapercibida”.

lunes, 19 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa de Málaga 2010 (Viernes Santo)

Lo siento pero no hay crónica de Viernes Santo. Lo confieso, por más años que lleve sacando un trono cuando llega mi día me paralizo. La impaciencia, los nervios, el miedo (¿por qué no decirlo?) me atenazan hasta el punto de que me vuelvo una persona huraña e insoportable (como bien saben y sufren los que me rodean). Por lo que cuentan los toreros es una sensación parecida a las horas previas a la corrida. No hay forma. Cada año me digo que saldré a ver las procesiones tranquilamente antes de sacar la mía. Una leche. Un año lo intenté: las vi como un zombie y sin enterarme de nada. Hasta que no me acerco al varal, esa sensación no se pierde.
Ahí os dejo un vídeo de mi Soledad del Sepulcro en la espectacular doble curva de Duque de La Victoria, San Agustín y Císter. No hay forma de agradecer a estos anónimos aficionados que realizan estos documentos.
Sobre una mesa sólo decir que el ambiente es indescriptible y nada tiene que ver con salir fuera. Además, allí tengo el privilegio de compartir esfuerzo, trabajo, sudor, alegrías y penas con algunos de los mejores amigos que cualquier persona podría desear.
Va por vosotros.

viernes, 16 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa de Málaga 2010 (Jueves Santo)

Jueves. El día-espectáculo de la Semana Santa. Noche de multitudes, achuchones y ver las procesiones donde uno pueda. Nunca ha sido mi día preferido de la Semana Santa y sin embargo, el resto de la Semana se me pasó tan rapida y me supo tan rara, que este año ha sido el día que más disfruté.
Entre tanto jolgorio folclórico Santa Cruz sigue pareciendo una china en el zapato. Es como si estuviera en una dimensión paralela. Hacen una procesión seria, dignísima y con un hermoso recorrido pero ¿no están fuera de lugar este día? (también podríamos debatir si la "culpa" es de la austeridad de ellos, o de los excesos de los demás).
Viñeros siempre ha sido una de mis cofradías preferidas del día. Solera, tradición, seriedad... El trono del Nazareno es realmente el último ejemplo de carrete que queda en Málaga y deberíamos guardarlo como oro en paño (vergonzos el accidente que sufrió). A ver si concluyen su resturación y volvemos a disfrutar de su auténtica estampa malagueña. ¿Soy el único que ve perderse a la Soledad en mitad de un trono sin palio ni manto largo?
La Cena, desde que cambió de día, de sede y aligeró los tronos, plantea un recorrido para lucirse y recrearse. Suena a viejo, pero dentro de pocos años podremos decir a los jóvenes "pues yo he visto llegar los dos tronos a rastras hasta la RENFE". A pesar de buscar admiradores con sus "nuevas aportaciones" en la forma de llevar los tronos, el público del Jueves está demasiado impaciente por la legión. En Carreterías un año más, nazarenos, hombres de trono e ¡incluso imágenes! (alguien lanzó una lata a la Virgen de la Paz con el lógico razonamiento de que" cuanto antes pase la Cena, antes llegará la legión") sufrieron el comportamiento impresentable de un público que, nos pongamos como nos pongamos NO TIENE NADA DE COFRADE.
La Buena Muerte y la Soledad tienen dos de los tronos y titulares más hermosos de la Semana Santa. Algo que no parece apreciar más de la mitad (y me quedo corto) del público del Jueves Santo. Mena es la legión y la legión Mena para mucha gente y, por desgracia, para parte de la Congregación. No me opongo a la presencia de la legión acompañando a sus imágenes, pero dentro de un repeto y decoro (¿a qué viene ese exhibicionismo marcial propio del día de las fuerzas armadas?). Yo creo que los protagonistas de la Semana Santa son los titulares y, en segundo lugar, los tronos (porque son altar de su grandeza). A lo mejor me equivoco y cosas como las de la Cena en Carreterías son un pequeño precio a pagar para poder disfrutar de la legión.
Misericordia y Gran Poder siempre reuniendo en sus filas nazarenos y hombres de trono de ese Perchel que continúa existiendo en la diáspora. Ese Perchel que, a pesar de su destrucción como espacio físico, continúa pasando de padres a hijos como espacio en la memoria. Es raro ver estos tronos mal llevados. Una única petición ¿cuándo dejarán de alumbrar al trono del Chiquito con luz artificial?
Zamarrilla es un caso que demuestra que tener medios es una cosa y otra bien distinta es tener gusto. El trono de los Milagros es un despilfarro que recuerda a la mezcla resultante de un antiguo coche fúnebre de caballos y un paragüero. La Amargura usa y abusa de su color rojo identificativo hasta el empacho. ¿Tendrán el mismo criterio el día que puedan sacar a la calle el Santo Suplicio?
Aun a riesgo de sonar injusto el que esto escribe debe reconocer que es esperancista hasta la médula. No se ha vivido el Jueves Santo si no se ve a la Señora de la noche pasando sobre el romero. El trono del Nazareno del Paso siempre va bien. El de la Virgen también. Con semejante tamaño es un trono que jamás concede no sólo brindis cara a la galería, pero a veces también se echa en falta un poco de riesgo (parecen estar contados hasta los pasos).
Pero el momento de la jornada se lo llevó Veracruz: ya el crujido de las puertas de San Juan silenció a cofrades, curiosos e incluso a unos pocos "provocadores." Ver salir todo el cortejo desde la oscuridad del interior de la iglesia fue simplemente sobrecogedor (y lo dice alguien a quien nunca le ha impresionado Servitas para que os hagáis una idea). Una de esas imágenes acompañada por sensaciones que jamás se borra de la retina ni de la memoria. La saeta un sonoro patinazo. Todo hay que decirlo.


miércoles, 14 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa de Málaga (Miércoles Santo)

El Miércoles Santo siempre ha sido uno de mis días preferidos: No es demasiado bullicioso, hay gran variedad y contraste entre las Cofradías, y pueden verse algunos de los tronos más espectaculares de la Semana Santa de Málaga.
Fusionadas prosigue su línea ascendente. Me encanta como los aparentemente exagerados sayones de Azotes y columna justifican (ahora más que nunca) la postura, las llagas y el gesto de Cristo. Parece ser que tienen la intención de cambiar un trono que también le va a las mil maravillas. Esperemos que sea para mejor. Exaltación lleva años siendo la más regular. No pude evitar recordar a un hombre de trono que lleva dos años llevando sus varales desde el Cielo. Puede decirse que Ánimas de ciegos, con su restauración, ha realizado otro Cristo ¡pero que Cristo!. Único por su auténtico sabor prebarroco dieciochesco. ¡Que atrás quedaron los días en que el Mayor Dolor salía a la calle casi de cualquier manera en todos los sentidos!.
Como todos los años procuro ver Salesianos en el entorno de San Agustín o Granada. Son un ejemplo de desfile serio y austero que siempre satisface y por eso congrega cada vez más público.
La Puente y la Paloma en su línea. El trono de la Virgen parece ir perdiendo en los últimos ese "vicio" de llegar mal por sistema. El barroquísimo trono de Pérez Hidalgo (con esos hiperbólicos arbotantes) va a ser sustituído (esperemos que por otro que respete su línea y estética) así que estamos viviendo las últimas oportunidades para disfrutarlo.
Si hay una cofradía del Miércoles que, en mi opinión, ha dado un gran salto cualitativo , esa es el Rico. La restauración de los tronos no sólo les ha dado nuevo brillo y esplendor, sino que también les ha permitido eliminar kilos superfluos (cosa que se refleja en lo bien que se llevan desde entonces, sobre todo la virgen del Amor). El Cristo por la Calle Duque de la Victoria, con paso lento acompasado y acompañado por la maravillosa banda de Miraflores-Gibraljaire, parece recuperar la estampa anterior a la guerra civil con la estética granadina (que siempre ha conservado) y el recuerdo del desaparecido trono de Luis de Vicente.
La Sangre debería ser por antigüedad, tradición y solera, cofradía emblemática no sólo del Miércoles, sino de toda la Semana Santa. Para mí siempre decepciona. Este año su desfile por Casapalma y Cácer fue simplemente caótico. El reciente trono de Consolación y Lágrimas evoca en muchas cosas al antiguo de Pérez Hidalgo, artista que, a pesar de que los actuales diseñadores se siguen inspirando en él, prosigue denostado y condenado al olvido.
Expiración siempre será una especie de cofradía de silencio (¡ojo! silencio impuesto y no espontáneo como en otras) al final del Miércoles Santo. Considero que, en su conjunto poseen el mejor parimonio de imágenes y tronos da nuestra Semana Santa. Dolores Coronada y su trono entrando por Strachan son otro de los momentos de este día. Ví mucha menos gente acompañando a la cofradía en su regreso que cualquier otro año ¿De verdad que no estamos en crisis de público cofrade?


domingo, 11 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa 2010 (Martes Santo)

El Martes Santo siempre ha sido el día de la Semana Santa con sabor a barrio popular (en especial el de la Victoria), pero si hay un calificativo para el de este año es sin duda el de raro.
No hace tanto las cofradías se peleaban por salir la última de cada día. Ahora resulta que es justo al revés (¿se esconde tras este cambio el hecho de que cada vez hay menos público cofrade?).
Eso fue ver al Rocío en la calle desde las tres y media: raro. Por lo demás parece ser que los tronos fueron acompañados por todo el barrio de la Victoria hasta el encierro (algo que en los últimos años había quedado "desangelado" a causa del horario.
Sentencia y el Rosario, a pesar de salir de Santiago, se contagian de ese sabor festivo y poplura del día. Dentro de muy poco el trono del Cristo será prácticamente la única obra de Pérez Hidalgo que quede en la ciudad (hombre injustamente ninguneado y muerto prácticamente en el olvido a pesar de dignificar la tradición del trono malagueño en los 40 y 50 sin apenas material, tiempo, ni dinero). El Rosario mucho mejor llevado que el año pasado. Es uno de esos tronos donde se nota en los varales el peso de aquella juventud que cogió los tronos en los 60 y 70 (con todas sus virtudes y todos sus vicios).
Regresando a casa escuché en una emisora local que este Martes Santo había sido uno de los mejores de los últimos años. El chovinismo ombliguista de siempre. ¿Cómo puede decirse eso en una triste jornada en la que un trono parte su palio y regresa a su casa cuando apenas ha comenzado su recorrido? Ver el Rescate arrinconado en la muralla de Carreterías mientras era adelantado por otros tronos como un bólido averiado en boxes fue un momento patético. Mientras tanto, el trono de la Virgen de Gracia (cuyo palio rompió la pletina) quedaba trágicamente parado al inicio de la misma calle. Es curioso que el regreso de la Virgen en unas andas de mano reuniera más público que el inicio de la procesión (¿ganas de acompañar a la imagen, simple curiosidad o morbo?). Aún me pregunto por qué la banda acompañó con toda su pompa a los dos tronos en su trágico regreso, ya que era un momento en el que nada había que celebrar).
Humillación y Estrella vuelve a centrar el protagonismo de su procesión en los tronos y titulares (de lo mejor del día e incluso de la Semana Santa) en vez de en esos detalles folcóricos y festivos de los últimos años. Esa debe ser la línea a seguir por una Cofradía perchelera que posee los tronos más antiguos de nuestra Semana Santa.
Si Rocío y Rescate daban al Martes el sabor Victoriano, ese aire de Cofradía de barrio se ha revitalizado con gran dignidad en la procesión de Nueva Esperanza (todo un vecindario volcado con su cofradía). Cada Martes Santo, mejor. Un único "pero" ¿no se puede poner otro adorno floral de la Virgen? Esas flores parecen brócolis y su verde no contrasta nada con el de la ropa de la imagen.
Entre tanta alegría festiva contrasta sobremanera la sobriedad de las Penas. Podrá ser más o menos criticable donde busca inspiración su estética cofrade, pero hay que reconocer que poseen magníficos tronos y titulares y que su sobriedad y seriedad despiertan admiración. La ubicación de su magnífica casa Hermandad en Pozos dulces ha ganado para Málaga nuevos entornos y rincones cofrades del estilo íntimo y recogido que busca esta cofradía en la calle.

jueves, 8 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa de Málaga 2010 (Lunes Santo)

Crucifixión sale a la calle a la hora en que los platos del almuerzo humean aún en muchos hogares. Aún así han conseguido su propio público de Lunes Santo (y no me refiero sólo al que se da cita en calle Carrión). Recuerdo cuando no hace muchos años esos tronos pasaban por una desolada Carreterías y ahora llevan acompañamiento desde el principio. Su recorrido de este año bonito, pero largo y exigente (con la Catedral al regreso). La citada subida de la cuesta de Carrión para el encierro es uno de los momentos épicos de la Semana Santa de Málaga, demostrando que lo más estético no tienen por qué ser los pulsos ni aspavientos cara a la galería, sino el placer de ver un tono con una cadencia dulce y sin perder el paso (como una lenta y acompasada verónica taurina). Chapó por todos los hombres de trono y por el capataz que este año se estrenaba en la Virgen.
Pasión cumple siempre con la seriedad y rigor que nos tiene acostumbrados. El nuevo Simón de Cirene que estrenaban este año es un completo acierto: supera artísticamente al antiguo y su tensión dinámica se complemente con la "terribilità" miguelangelesca del soberbio Cristo de Ortega Bru. Los capataces y hombres de trono de la virgen del Amor Doloroso (una de las advocaciones más hermosas) parece que comienzan a coger el truco del complicado movimiento de palio que tantos problemas les ha traido en años anteriores.
La religiosidad (forma de expresear y sentir el fenómeno religioso) es algo aún más complicado y personal que la religión en sí. Dicho esto sigue chocándome el espectáculo de Gitanos. Respeto profundamente su expresión de religiosidad pero ¿no podría hacerse dentro de un orden? Entre los tronos y la banda de música (no lo olvidemos, al servicio de trono, titulares y hombres de trono) se inserta un caótico abismo de "promesas" que rompe esa comunión entre música y procesión. Otra cuestión es el trono del Cristo, pide a gritos una renovación, aunque sería de desear que resptando lo más posible la estética del actual (como ya han hecho Ánimas de ciegos o Soledad de Mena).
Estudiantes es una cofradía con cierto sabor a inmovilismo (para lo bueno y lo menos bueno). Lleva igual desde que tenemos uso de razón y han conseguido así muchas señas de identidad propia. La estética pija y elitista que se ve en sus varales (gomina, trajes, etc) me resulta casi tan chocante como la de Gitanos. Curioso que dos caras de una misma moneda se den cita el mismo día. Así es de grande y contradictoria nuestra Semana Santa. El palio de la Virgen pide una restauración a gritos.
Una de las gozadas para los sentidos del Lunes Santo es escuchar a la banda de Miraflores-Gibraljaire tras el Cristo del Perdón. Si encima tocan Margot y el entorno es Echegaray, la experiencia es sobrecogedora. Esto lleva a preguntar ¿por qué la mejor banda de nuestra ciudad (y con diferencia) no se prodiga más en nuestra Semana Santa? ¿Problema económico? ¿de gustos? Que alguien me resuelva este misterio. El trono de Dolores del Puente no deja indiferente a nadie, ni siquiera a uno mismo que cada año parece contemplarlo con ojos y gusto diferentes. Aparte de eso sigo pensando que la corona es excesivamente grande y que necesitaría algo más de iluminación.
El Cautivo en su línea de siempre. Nunca defrauda pero tampoco sorprende. La presencia de los regulares y en especial su banda de música (¡ridículas y destempladas chirimías!) fue simplemente un desatinado despropósito y abre el interrogante de si realmente la presencia militar debe darse a cualquier precio. El trono de la Trinidad recuperó la dignidad perdida el año pasado, cuando el corte con la sección del cautivo era de una hora. ¡Qué lejos quedaron (por fortuna) aquellos tiempos en que la Virgen iba literlamente sola y abandonada por la calle eclipsada por el fervor hacia su propio hijo!

domingo, 4 de abril de 2010

Crónica a vuela pluma de la Semana Santa de Málaga 2010 (Domingo de Ramos)

Domingo de Ramos. Es increíble como año tras año y generación tras genaración, la cofradía de Pollinica abre la Semana Santa de Málaga con su cara amable y rodeada de niños. El sol parece recibirla siempre con esa misma sonrisa y en nuestro recuerdo siempre se asocia mañana del Domingo de Ramos con el buen tiempo primaveral. Por otro lado va siendo hora de que renueven el trono del Cristo. Con la luz del día es ya imposible disimular los estragos del tiempo.
Lágrimas y Favores se ha hecho definitivamente un hueco en el mediodía. Ahora es, más que nunca, una gozada pasar la sobremesa en el centro de la ciudad y unir la mañana con las procesiones de la tarde. El buen gusto de esta procesión le ha dado personalidad propia y ya ha dejado de ser conocida como "la Virgen de Antonio Banderas".
Dulce Nombre se ha afianzado definitivamente en nuestra Semana Santa. El grupo escultórico del Cristo marcó un antes y un después en las recreaciones "históricas" de los vestuarios (después llegarían Sentencia y los que están en proyecto) y, unido a la seriedad de la cofradía en la calle, puede tener algo que ver con su éxito.
Salutación busca entornos callejeros recogidos e inéditos. Una apuesta interesante pero ¿no luciría aún más en un horario en que ya no hubiera luz del sol?
El Huerto, por tradición, patrimonio e historia, lleva años llamada a ser la reina del Domingo de Ramos pero no termina de arrancar. Una imprensión personal: sigo pensando que su casa Hermandad está desubicada y me choca ver a una Cofradía de los Mártires llegar de allende el río. La restauración de la imagen del Cristo fue un gran acierto y debería ser seguida por la del magnífico y original manto de la Concepción.
¿Por qué los tronos de la Humildad y la Merced acaban siempre mal? Es hermosísimo verlos por el entorno de la Iglesia de Santiago en calle Granada, pero a la vuelta puede ser un auténtico suplicio con esos tronos hundidos, La imagen del Cristo (una de las mejores de Málaga para quien esto escribe) pide a gritos un grupo escultórico acorde con su calidad. Afortunadamente en esas están.
La Salud, sin aspavientos ni brindis cara a la galería (excluyendo esa salida "de rodillas") ha sabido crear un público propio en el Domingo. Su regreso por calle Nueva es simplemente sobrecogedor y cada vez congrega más público realmente cofrade. Gran acierto recuperar esta calle (absolutamente cofrade hasta los años 50) que deberían seguir todas las hermandades posibles en vez de pasar por el desangelado margen del río.
A esa misma hora subía el Prendimiento por Dos Aceras y Carrión. La otra cara de la misma moneda. Recogimiento frente a espectacularidad. Anonimato frente a lucimiento. Otra forma de vivir la Semana Santa tan legítima como la anterior, pues todo cabe en la experiencia cofrade. No termino de entender la restauración del Cristo pues ha sido más bien una recreación ¿necesitaban los hermanos un nuevo rostro de su titular?
Una última reflexión. En una procesión cuyo nombre omitiremos, una mujer cerraba varal con el hombro a varios centímetros de distancia. Puede que en el futuro las mujeres se vayan incorporando al varal de forma natural pero ¿de verdad quieren que sea de esa forma? Si ya existe polémica, imágenes como esa sólo logran acrecentarla y no dicen nada bueno en favor de la defensa de las mujeres de trono.

sábado, 6 de febrero de 2010

Los tiempos de Daffari

Antonio Daffari y su hija Encarna en una foto de mediados de los 40.
Al fondo el trono de la Soledad del Sepulcro.
A mi tía Encarna, hija del Capataz de las naves de Málaga

Hablar de los tiempos de Daffari es referimos a toda la primera mitad del siglo XX, o lo que es lo mismo; a los inicios de la moderna Semana Santa de Málaga tal y como ahora la conocemos. Antonio Daffari no es sólo el primer capataz de trono profesional del que hay noticia (especie que arranca con él y, desgraciadamente, parece extinguirse en la actualidad con Julio Torres). Es también el hombre que creó el característico paso malagueño con el que aún llevamos nuestros tronos y que, aunque no se repare en ello, es un símbolo más de identidad de nuestra ciudad. Como veremos más adelante, Antonio Daffari no sólo participó de forma activa en la Semana Santa como capataz, sino también en las reagrupaciones y fundaciones de Cofradías y Hermandades a principios del siglo XX.
No debemos tampoco olvidar que los tiempos de Daffari lo son también de otros míticos nombres de capataces contemporáneos. Algunos trabajaron junto a él, como Juan Ceja (su encargado de cola), otros comenzaron a su cobijo y se convertirían, andando el tiempo, en la “segunda generación” de capataces malagueños, cuyo máximo representante sería Manuel Sánchez, el entrañable “bigote pana” (fallecido hace pocos años), y no queremos dejar de recordar a otros capataces como “el Caimán”, Antonio Bros, o la también legendaria saga de los Polo (con los que además de coincidir en el tiempo, compartiría alguna que otra rivalidad profesional). Y, por supuesto, son también los tiempos de cientos de hombres de trono anónimos que con su gran esfuerzo, y no sin ilusión, hacían posible que moles de varias toneladas cargadas con baterías eléctricas(1), fueran levantadas sobre varales de madera maciza a cambio de lo que tan sólo suponía un extra para sus jornales en los muelles(2), la construcción, o los campos de los montes de Málaga. Hombres de trono a los que aún hoy día hay gente que califica de “mercenarios”, negándoles un merecido reconocimiento en la historia de la Semana Santa malagueña.
Antonio Daffari Hidalgo nació en 1883 en Barcelona, en el seno de una familia de heladeros malagueños de origen italiano. Su abuelo, Giuseppe d’Affari(3), había llegado a Málaga desde la localidad de Asti (próxima a Turín), contratado como maestro heladero, oficio que continuaría su hijo José Daffari, padre de nuestro capataz. Ésa debería haber sido también la profesión de su hijo Antonio si éste no hubiera antepuesto al deseo de su padre la otra gran pasión que compartía junto a la Semana Santa: los caballos. De esta forma, nuestro hombre llegó a ser maestro guarnicionero para las caballerías de la plaza de toros de la Malagueta(4).
Hombre de profundas convicciones religiosas, formó parte del grupo que, en torno al padre Ponce, reorganizó la Cofradía de Pollinica, junto a nombres tan señeros de nuestra Semana Santa como el de un jovencísimo Paco Triviño. Fue precisamente el padre Ponce quien le convenció para conducir por primera vez el trono de Nuestro Padre Jesús a su entrada en Jerusalén. Corría el año 1912(5) y muy poco después sumaría a este trono el de Jesús en la Oración del Huerto. Existen algunas fotos de la época en las que es posible verle ataviado (curiosamente) con traje oscuro y pajarita mientras dirige las maniobras del trono portado por horquilleros con túnica y faraona.
En 1925 participa también en la fundación del Prendimiento en Santo Domingo(6), Hermandad vinculada a los contratistas y proveedores del mercado de Atarazanas. La relación de Antonio Daffari con los comerciantes del mercado central venía a través de su esposa, María Herero (sic), dueña de una carnicería en la calle Puerta Nueva(7). Como podemos observar, la labor de nuestro hombre iba más allá de conducir los tronos por las calles de Málaga. Sin embargo, sigue siendo difícil romper el prejuicio aún existente en ciertos círculos, de que los capataces y hombres de trono (sobre todo los de antaño), formaban un grupo un tanto ajeno y extraño a la normal vida cofrade.
Existe otro dato más (aunque desconocido por no aparecer en ningún libro de historia), que si no relaciona directamente las inquietudes religiosas de Antonio Daffari con su implicación en la creación de cofradías, si lo hace con su preocupación por el patrimonio artístico y religioso (y en cierto modo revela también su valor): Fue él quien salvó y ocultó, junto a otros hermanos de la cofradía, la cabeza de Nuestro Padre Jesús en la Oración del Huerto, que había sido separada del resto de la talla durante el saqueo de la iglesia de los Mártires en los sucesos de mayo de 1931. El capataz vivía en calle San Telmo (cerca de la citada iglesia) y al parecer, en un momento de descuido por parte de los saqueadores, aprovechó para recoger la cabeza de la pila en la que se encontraba amontonada ocultándola en un paño(8).
Hay otras muchas anécdotas, ya relacionadas con sus labores de capataz, y que él no se cansaba de recordar en las muchas entrevistas que le fueron realizadas a lo largo de su vida: Percances, como el de que en una ocasión cayó al suelo ante el trono de la Pollinica y éste le pasó entero por encima, aunque salió afortunadamente ileso(9). Apuestas ganadas, como la que le valió una merecida cena al asegurar que conseguiría hacer doblar al nuevo trono de la Piedad con sus varales de catorce metros por la esquina de Especerías con calle Nueva(10)  O su anécdota preferida: como un lluvioso Viernes Santo de 1948 les avisaron a él y su cuadrilla (que ya se habían encerrado), para recoger al Cristo del Amor que se encontraba “chorreando” en plena calle Victoria. “¡Lo llevaron como leones!”. Contaba con emoción y orgulloso de sus hombres de trono.
“Sus” hombres de trono, y recalcamos lo de “sus”, ya que ésa es una de las características que diferenciaban al antiguo capataz profesional del actual: el vínculo personal con los hombres de trono. Como por entonces el varal no era considerado un puesto para los hermanos en los desfiles(11), las cofradías delegaban en los capataces la tarea de reclutar, tallar y organizar sus propias cuadrillas de hombres de trono. De alguna manera parecía querer evitarse todo contacto entre hombres de trono y hermanos, pues eran también los capataces los encargados del reparto de túnicas y de los pagos. En el caso de Daffari, todas estas tareas se realizaban en su propia casa(12) con la colaboración entusiasta de su hija Encarna (a la que todavía recuerdan con cariño muchos viejos hombres de trono(13). Cada capataz tenía un núcleo de confianza más o menos fijo con el que trabajaba a lo largo de toda la semana y repetía un año tras otro. Algunos hombres de trono, cuando ya los años y los achaques del cuerpo no les permitían pegarse al varal, eran reenganchados como botijeros o canasteros para poder continuar cerca de los tronos que durante tantos años habían llevado. Hermosa forma, sencilla y sincera, de implicarse con la Semana Santa.
Antonio Daffari fue capataz del Huerto y la Concepción, del Cautivo y la Trinidad, de Gitanos, de las Penas, del Rescate, de Sentencia y el Rosario, del Rocío, de Fusionadas, de la Sangre y Consolación, de la Buena Muerte y la Soledad, del Santo Suplicio, los Milagros y la Amargura, de la Piedad, de la Soledad del Sepulcro, del Resucitado, de la Divina Pastora, de María Auxiliadora, del Carmen, de la Victoria... y sobre todo de su querida Pollinica(14): su primera Cofradía y la última que estuvo sacando hasta el final de su vida(15). Así podemos verlo hoy día: vestido con túnica blanca, faraona y sandalias. Observándonos serio y solemne desde el silencio en blanco y negro de decenas de fotos antiguas.
Aunque Antonio Daffari murió en un ya lejano 1960, es todavía posible encontrarse con algún viejo hombre de trono que, con una sonrisa en los labios y un brillo especial en los ojos, nos comenta henchido de orgullo mientras consume pausadamente su pitillo: “Yo fui hombre de Trono, en los tiempos de Daffari”.

Notas:

1: Vaya como ejemplo que en los años 50 el trono de Humillación (el mismo que se procesiona en la actualidad y al que hay que añadir baterías, varales de pino, etc.) era llevado por tan solo ¡40 hombres!
2: En entrevista publicada por el diario Sur el 6 de abril de 1949, Antonio Daffari declara que el jornal máximo recibido por los hombres de trono es de “seis duros”. O sea, 30 de nuestras antiguas pesetas. El capataz aprovecha también el momento para reivindicar una subida de tarifas para sus hombres.
3: D’Affari es la grafía correcta del apellido en italiano que, al castellanizarse perdió el apóstrofe y derivó en Daffari. Antonio Daffari no llegó a tener hijos varones y todos sus descendientes directos llevan el apellido como segundo, así que, desgraciadamente, se perderá.
4: Su taller particular estuvo emplazado en la calle García Briz. Es curioso señalar que, debido a su oficio, fue durante años el encargado de confeccionar los uniformes de cuero para la “guardia romana” del Santo Traslado.
5: En el citado Sur del 6 de abril de 1949, Antonio Daffari declara que treinta y siete años atrás, sacó por vez primera el trono de la Pollinica.
6: Fuente: A. Llordén y S. Souvirón. Historia documental de las Cofradías y Hermandades de Pasión de la ciudad de Málaga.
7: Dato curioso: María Herero fue la primera mujer (y la única de su tiempo) con permiso para entrar en el matadero municipal.
8: Dicen de él que era hombre modesto. Esta historia jamás fue contada en público por Antonio Daffari. Si se ha transmitido ha sido posteriormente dentro de su familia.
9: En entrevista concedida al diario Sur el 1 de marzo de 1942.
10: Según Daffari, éste era el punto más difícil de todo el recorrido para los tronos de Semana Santa.
11: Excepciones eran Pasión y Estudiantes.
12: Su nieto Juan (mi padre) recuerda haber visto pilas de túnicas amontonadas hasta el techo con los colores de las distintas cofradías en casa de su abuelo.
13: Sin ir más lejos un día descubrí que mi suegro había sido en alguna ocasión hombre de trono para Daffari cuando me comentó que recogía su jornal en calle San Telmo, donde les pagaba “una señorita”.
14: Con toda seguridad de algunas más, pero no las incluyo en esta relación sin su total confirmación.
15: Fue recogiendo su testigo en la mayor parte de los tronos Manuel Sánchez “bigote pana”.